¡Feliz Navidad!

Posted in Uncategorized on 24/12/2012 by Héctor Sánchez

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

The Black Keys: Rock salvaje a la mínima expresión

Posted in Conciertos, Efe Eme, The Black Keys with tags , , , on 29/11/2012 by Héctor Sánchez

Uno de los grupos más esperados en nuestro país por fin saldó su deuda anoche en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. En su único concierto en España, The Black Keys presentaron su último trabajo, El camino (2011). El dúo demostró que les basta una guitarra y una batería para sacar nuestros instintos primarios con un sonido crudo que sabe al rock, al blues y al garaje de unas décadas atrás.

Dan Auerbach, la mitad de The Black Keys

Antes de que se enciendan los focos y de que se conecten los altavoces, se aprecia algo distinto en el escenario del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. A diferencia de cualquier otro concierto de rock, donde la batería se pierde al horizonte, en esta ocasión, este instrumento relegado a salir de fondo en las fotografías luce en primer plano como un rey en su trono. Esta es la firma de The Black Keys, el grupo del momento. Un dúo que no necesita más que una batería y una guitarra para demostrar que su música es una digna heredera del sonido de Cream, Jimi Hendrix o Led Zeppelin y un formato que recuerda a The White Stripes. Con semejantes referentes, uno ya sabe lo que se va a encontrar en directo no puede decepcionar.

The Black Keys han crecido como la espuma. En sólo diez años de existencia, al vocalista y guitarrista Dan Auerbach y al batería Patrick Carney les ha dado tiempo a lanzar siete álbumes, e incluso a embarcarse en proyectos por separado. Un ritmo de publicación que ya les gustaría a muchos, con una calidad que también les gustaría a muchos. El dúo ha pasado de actuar en pequeños locales a agotar las entradas de grandes recintos, como sucedió con el concierto del Palacio de los Deportes, su única actuación en España y un broche perfecto para la celebración del 30º aniversario de Doctor Music. Auerbach, ataviado con una camisa de flecos, y Carney, con sus inseparables gafas, subieron al escenario para presentar su último trabajo, el excelente álbum El camino (2011), sin olvidar el disco que más proyección les dio, el premiado Brothers (2010). Estos dos álbumes llevaron el peso principal, y a partes iguales, en el desarrollo de espectáculo con una puesta en escena tan austera como eficaz. Aunque los focos apuntaban a los músicos, la pareja no estaba sola en el escenario. Un bajista, Gus Seyffert, y un teclista, John Wood, les acompañaban escondidos en la sombra.

«Howlin’ for you», y «Next girl», sirvieron para abrir boca ante la primera canción de la noche extraída del último disco, «Run right back», que el público recibió con palmas. Aunque se echó en falta la flauta a lo Jethro Tull en la blusera «Same old thing», la pareja no podía dejar de lado este tema de su quinto disco, Attack & Release (2008). Con «Dead and gone», The Black Keys ya se habían metido en el bolsillo a una audiencia que coreaba la letra y con «Gold on the ceiling» la pista del Palacio de los Deportes parecía una alfombra de brazos en alto apuntando a los músicos.

A continuación, el bajista y el teclista abandonaron sus puestos para dejar intimidad a Auerbach y Carney. Ahora sí, sólo había dos músicos en el escenario frente al lleno total del recinto. En soledad, la pareja recuperó tres canciones de sus primeros trabajos: «Thickfreakness», del disco homónimo de 2003, «Girl is on my mind», de Rubber Factory (2004) y la muy aclamada «Your touch», de Magic Potion (2006). Durante estos tres temas, The Black Keys ofrecieron un espectáculo de rock crudo con sus dos únicos instrumentos, como si recordaran cómo comenzaron su carrera encerrados en un garaje en soledad. Un ejemplo de rock a la mínima expresión. En poco más de media hora casi habían tocado la mitad de su repertorio.

Las luces se apagaron y un foco apuntó directamente a Dan Auerbach armado con su guitarra acústica. Comenzó «Little black submarines», un tema cuya comparación con «Stairway to heaven» es inevitable. Se abrió otra luz. Detrás de Patrick Carney vuelven a estar el bajista y el teclista. El público se encontraba extasiado. En el momento en el que la canción estaba a punto de subir, el escenario quedó a oscuras y en silencio. ¿Qué iba a suceder? ¿No iban a terminar este tema? No podían dejar la canción a medias. Los músicos retomaron la canción de forma explosiva, convirtiéndolo en el momento más intenso de la noche. Al acabar, el público lo celebró con el odioso «oe, oe» como si ya hubiera terminado el concierto.

Pero esto aún no ha terminado. «Money maker», «Strange times» y sobre todo, «Nova baby», animaron la noche mientras «Sinister kid», fue el momento más flojo. «Ten cent pistol» fue la única oportunidad que tuvieron el bajista y el teclista de llamar la atención. Después de hacer un número parecido al de «Little black submarines», con la oscuridad y silencio llegó  «She’s long gone», que precedió a dos de los temas más esperados con los que cerraron su actuación. El público no pudo evitar silbar con «Tighten up» y, por supuesto, no pudo parar de bailar con la siguiente: «¿Podéis ayudarnos con ésta?», preguntó el cantante y guitarrista. Entonces el público enloqueció con la pegadiza, «Lonely boy», la canción que se ha convertido en el clásico inmediato del grupo. Sin duda, éste fue otro de los grandes momentos de la noche.

Después de hacerse un poco de rogar, los músicos regresaron al escenario para tocar un par de temas más. Dos bolas de espejos gigantes iluminaron el recinto y lo convirtieron en una noche estrellada de luces blancas, amarillas y azules mientras Auerbach hacía un falsete con «Everlasting light», una canción con reminiscencias de T. Rex. El punto y final lo puso «I got mine». El vocalista se despidió diciendo a los asistentes que regresaran a casa con cuidado para volver a verles la próxima vez. Durante toda la noche, Dan Auerbach no paró de agradecer los aplausos del público.

The Black Keys resultan una pareja peculiar pero juntos forman una combinación perfecta. La unión de la voz de Dan Auerbach, el sonido distorsionado de la guitarra y la fuerza de la batería de Patrick Carney, que tiene pinta de empollón pero que toca con la euforia de un hombre de las cavernas que acaba de descubrir la percusión, crean un rock crudo, con un sonido sucio, troglodita, un rock que hace sudar. La actuación sólo duró una hora y media. ¡Pero qué hora y media! El concierto de The Black Keys ha sido como un buen café, corto pero intenso. De los que dejan buen sabor de boca. De los que dejan ganas de más.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme.

Parecidos razonables: The Hollies – Radiohead

Posted in Parecidos razonables, Radiohead, The Hollies with tags , , on 28/11/2012 by Héctor Sánchez

The Hollies – The Air I Breathe (1974)

Radiohead – Creep (1992)

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Leonard Cohen: Placeres divinos

Posted in Conciertos, Efe Eme, Leonard Cohen with tags , , , on 27/11/2012 by Héctor Sánchez

Llevo bastante tiempo sin actualizar. Voy a aprovechar para recordar el último concierto de Leonard Cohen que ofreció en Madrid el mes pasado.

El pasado 5 de octubre, el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid se puso en pie para recibir al Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2011. Leonard Cohen presentó su último trabajo Old ideas(2012), su primer álbum de estudio después de ocho años, y  durante casi cuatro horas dio una lección de elegancia. Nadie puede hacerlo mejor.

Leonard Cohen se arrodilla ante Javier Mas

Aleluya. Un acto mezquino puede crear algo bello. En el año 2005, la situación económica de Leonard Cohen pendía de un hilo: Kelley Lynch, su representante, y con quien había tenido una relación, le había estafado y robado sus ahorros mientras el cantante se encontraba de retiro espiritual. Para poder sanear sus cuentas, el cantautor canadiense volvió a salir de gira en 2009 y lanzó dos discos en directo, Live in London (2009) y Songs from the road. Estos dos trabajos no incluyeron ninguna canción nueva. La espera para poder escuchar un álbum nuevo de estudio concluyó a principios de 2012 con Old ideas. El hecho de que su nuevo disco tenga ese título parece ser un guiño que Cohen se ha lanzado mirándose al espejo. Las máximas de las composiciones del canadiense son atemporales y, como buen judío mediático, no puede dejar de lado temas como las relaciones, el sexo, la religión y la fe.

El pasado 5 de octubre, el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid extendió una enorme alfombra sobre su escenario para que Leonard Cohen presentara sus nuevas viejas ideas. El cantante se hizo de rogar después de veinte minutos de retraso. Cohen apareció en el escenario corriendo. Sobre la alfombra, le acompañaron un grupo de brillantes músicos de lo más cosmopolita: países como Estados Unidos, México, Moldavia y España, de la mano de Javier Mas, estaban representados sobre el escenario. «Dance to me to the end of love» abre el espectáculo y el maestro comienza arrodillado. No será la última vez que lo haga: a sus 78 años, el cantautor pasó gran parte de su actuación arrodillándose, como si estuviera rezando para que pudiéramos escuchar sus plegarias.

Después de la primera canción, Leonard Cohen hace una declaración de intenciones: «No sé cuándo nos volveremos a ver, pero seguro que esta noche les daremos todo lo que tenemos». Le sigue «The future», cuyo mensaje sigue siendo tan actual como el primer día. Con «Bird on the wire» recibió la primera de las muchas ovaciones de la noche y con «Everybody knows» el público le acompañó con las palmas.

Una de las primeras sorpresas de la noche no vino de la mano el canadiense, sino de los portentosos dedos del virtuoso Javier Mas, que tocó un solo de los que erizan el vello de la nuca para introducir «Who by fire». No todos los aplausos fueron para Leonard Cohen. En determinados momentos de la noche, Cohen es capaz de ocultarse de los focos y dejar que brillen con luz propia los músicos que le acompañan. ¿Y qué decir de sus coristas? El trío formado por las dos hermanas Webb, quienes demostraron sus dotes acrobáticas, y Sharon Robinson crea un contraste delicioso frente a la voz grave y profunda del maestro; «Come healing», fue un ejemplo de ello. Pero músico también dejó volar solas a sus mujeres. «The gypsy’s wife» corrió a cargo de Charlie y Hattie Webb mientras él, como si se tratara de un padre orgulloso viendo la actuación de sus hijos, movía los labios recordando las letras mientras las observaba desde la sombra. Las hermanas volverían a demostrar su talento en solitario tocando la guitarra y el arpa en «Coming back to you» después de que Cohen recitara al principio del tema. Vuelve a recitar con «Alexandra leaving» pero esta vez es Sharon Robinson, su habitual compañera musical, la que lleva la voz cantante.

Pero no nos vayamos del tema. Como no podía ser de otra manera, el protagonismo recayó en el genio de Leonard Cohen y su voz vibrante. Una voz que sale de lo más profundo de su ser. Más que cantar, lo que el poeta hace es hablar al micrófono como si te susurrara al oído. Te seduce. Cuando Cohen interpreta «Suzanne» o «So long, Marianne» lo hace como si sus respectivas musas, Suzanne Verdal o Marianne Jensen, estuvieran frente a él en ese momento. Es hipnótico. Pero su voz cavernosa no es el único instrumento que el músico utiliza en el espectáculo. Leonard Cohen echa mano de la guitarra en varias ocasiones, el teclado para «Tower of song» e incluso el arpa de boca para «Democracy» mientras simula desfilar.

De su nuevo trabajo, el canadiense extrajo cuatro canciones: la blusera «Darkness», «Amen», «Going home» y, la citada anteriormente, «Come healing». Pero los mayores aplausos vinieron con temas clásicos como «Sisters of mercy», «Hey, that’s no way to say goodbye» y su versión de «The partisan». Leonard Cohen se guardó tres platos fuertes con los que finalizar su número antes de los bises: primero tocó «I’m your man», después, con su majestuoso himno «Hallelujah», todo el público ya estaba en pie y con su peculiar homenaje a Lorca, «Take this waltz» resultaba imposible no sentir cosquillas en el estómago. Cuando Cohen volvió para los bises, el público que se encontraba en la pista del Palacio había abandonado sus asientos para estar más cerca del músico. La parte más movida de la noche llegó con «First we take Manhattan»; no se nos podía olvidar que era un concierto y también había que moverse. La noche se cerró con «Famous blue raincoat», «Closing time», «I tried to leave you», que fue el colofón ya que cada músico hizo un solo con su instrumento, y su versión del tema de los Drifters, «Save the last dance for me». Después de un concierto estructurado en dos bloques con un intermedio de veinte minutos, porque los genios también merecen descansar, después de tres grupos de bises, después de casi cuatro horas, Leonard Cohen y los suyos han cumplido su palabra: han dado todo lo que tenían.

Cohen se ha arrodillado, ha presentado a sus músicos tres veces, ha hecho reverencias al público, se ha quitado su sombrero y lo ha puesto sobre su corazón como señal de respeto, ha saltado como un duendecillo entre las diferentes partes de la actuación y ha recogido las cartas y los ramos de flores que sus fieles le han dejado sobre el escenario. Cohen hace que la música sea trascendental. Su concierto no sólo es un placer divino para los oídos, sino que es un concierto que se siente con las entrañas. Transmite paz y serenidad. Hace que uno se sienta bien consigo mismo. Existen muchas razones para no creer en Dios, pero una actuación como la de anoche, hace que uno se lo replantee. De aquel acto mezquino, se creó algo bello. Amén.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock.

Texto publicado en Efe Eme.

La noche en que los Beach Boys convirtieron Gredos en California

Posted in Conciertos, Efe Eme, The Beach Boys with tags , , , on 22/07/2012 by Héctor Sánchez

Los Beach Boys están de celebración. Para conmemorar su 50º aniversario, los miembros fundadores han hecho las paces, han publicado un nuevo trabajo, That’s why God made the radio (2012), y se han lanzado a la carretera para recordar todos sus grandes éxitos. Aunque Hoyos del Espino dista mucho de las playas californianas, Brian Wilson, Mike Love, Al Jardine, Bruce Johnston y David Marks han comenzado su gira europea con su actuación dentro del festival Músicos en la naturaleza. En Gredos no hay olas, pero como si las hubiera.

Cartel del festival

Las camisas hawaianas inundaron ayer la sierra de Gredos, y no era para menos. Fans de diferentes generaciones se reunieron en Hoyos del Espino para un acontecimiento que hacía años que no ocurría. Brian Wilson, Mike Love, Al Jardine, Bruce Johnston y David Marks, los miembros supervivientes de los Beach Boys, dejaban al margen rencillas y problemas legales para celebrar los 50 años de su carrera. Ha pasado medio siglo desde que Wilson, junto a sus hermanos Dennis y Carl, su primo Love y su colega Jardine fundaran el grupo estadounidense capaz de hacer sombra a los mismísimos Beatles. En todo este tiempo la banda ha sufrido una historia tortuosa con diferentes alineaciones, la depresión, la paranoia y la esquizofrenia de Brian Wilson, las pérdidas de Dennis, ahogado en su querido océano Pacífico en 1983, y de Carl, víctima de cáncer de pulmón; pero a su vez han regalado joyas en forma de canciones de pop capaz de transportarnos a la playa en un cerrar de ojos o el fascinante sonido del ambicioso álbum Pet sounds (1966), para demostrar no sólo eran un grupo loco por los coches, las chicas y el surf.

La primera canción de la noche fue toda una declaración de intenciones, «Do it again». Los Beach Boys lo volvían a hacer, volvían a estar juntos y tocaron una recopilación de grandes éxitos sin dar tregua y sin apenas hacer descanso entre canción y canción. En poco más de dos horas de concierto, la banda tocó 41 canciones en un repertorio que no decepcionaría a nadie. Como no podía ser de otra manera, no faltaron sus temas habituales como la automoción, con «Little Honda», «Little deuce coupe» o «409»; las olas y el surf, con «Catch a wave» o «Surfin’ safari»; y las chicas, con «Surfer gir» o «California girls». Resulta gracioso ver cómo un grupo de hombres de entre 60 y 70 años, con sus vidas ya hechas, cantan «When  I grow up (to be a man) ».

Además de sus composiciones propias, también se atrevieron con versiones de otros músicos y grupos como «Then I kissed her», el punto de vista masculino de «Then he kissed me», de The Crystals, «Come go with me», de The Del-Vikings, «Why do fools fall in love», de Frankie Lymon & The Teenagers, «Cotton fields», de Lead Belly, «California dreamin’», de The Mamas & the Papas, y «Rock & roll music», de Chuck Berry.

El mayor peso del concierto cayó sobre un Mike Love dicharachero con ganas de jugar con el público. El cantante bromeó diciendo que la selección española de Baloncesto no podría vencer a la de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos y de paso presumió de su sobrino, Kevin Love, jugador en los Minnesota Timberwolves. Love se animó a chapurrear en español y se pasó la actuación señalando con los dedos como si estuviera contando de uno en uno a cada uno de los asistentes o a guiñar ojos a las féminas situadas en las primeras filas. A pesar de la continua atención del showman con su público, las mayores ovaciones se las llevó un Brian Wilson casi ausente, mirando al infinito, sentado en su piano blanco como si todo lo que había alrededor en ese momento no fuera con él; una muestra de lo poco que Wilson disfruta de las actuaciones en directo, de su pánico escénico y de los estragos de su pasado oscuro. No obstante, Brian llevó la voz cantante en «You’re so good to me», «Please let me wonder», «Sail on, sailor» y «Heroes and villains», tema perteneciente a Smile, aquel proyecto tan grande que fue abandonado y que finalmente salió al mercado en una caja el año pasado.

Pero no todo fueron Love y Wilson, Al Jardine también brilló como vocalista, David Marks despuntó con su guitarra y cantó «Getcha Back» y Bruce Johnston, el único que lució la mítica camisa de rayas, intentó atraer un poco la atención para no pasar tan desapercibido desde su teclado. Al fondo, detrás de la primera línea, los Beach Boys contaron con un maravilloso acompañamiento de músicos geniales que tenían las mismas ganas de pasarlo bien que el público. Entre ellos, Darian Sahanaja cantó la pegadiza «Darlin’».

Si hubo un momento especial en este concierto redondo, fue escuchar seguidos tres clásicos de Pet sounds: «God only knows», «Sloop John B» y «Wouldn’t it be nice». Con canciones como estas no se puede pedir más. Escuchar «God only knows» de la boca de un Brian Wilson que inspira admiración y compasión a partes iguales bien merece soltar alguna lágrima. Poder disfrutar del reencuentro de los músicos mientras tocan los tres temas principales de su disco más prestigioso no tiene precio. Es una experiencia que merece la pena ser vivida una vez en la vida, pero que difícilmente volverá a ocurrir. ¿Alguien da más? Sí. Los Beach Boys trajeron sus mejores vibraciones  con «Good vibrations» y el ambiente festivo de Hoyos del Espino creció aún más si cabe.

«Help me, Rhonda», la mencionada antes «Rock & Roll Music» y «Barbara Ann» hicieron que los asistentes siguieran sacudiendo el esqueleto hasta que los músicos se despidieron con la inevitable «Surfin’ U.S.A». La espera fue corta y no tardaron en salir. «Tenemos más cosas para vosotros», gritó Mike Love. «Kokomo» fue el primero de los bises y Love cantó una frase de la canción en español. «Do you wanna dance? » y «Fun, fun, fun» sirvieron de broche final. Un final redondo, ya que esa fue la sensación durante todo el concierto: querer bailar y tener ganas de divertirse. «Nos vemos pronto, quizá en Barcelona», propuso Mike Love haciendo referencia a su siguiente actuación en España.

A modo anecdótico, para celebrar su medio siglo de existencia, los Beach Boys también han grabado un nuevo álbum, That’s why God made the radio, del cual sólo tocaron su tema homónimo. Pero ofreciendo un repertorio como el que tenían, ¿quién necesita escuchar temas nuevos? Cualquier canción de los Beach Boys que se le pueda ocurrir a alguien, sonó durante el concierto. No había costa, no había olas, pero quien quisiera transportarse ayer a las playas de California, tendría que haber ido a Gredos.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Versión fatal: The 5th Dimension – Raphael

Posted in Raphael, The 5th Dimension, Versión fatal with tags , , , on 09/07/2012 by Héctor Sánchez

The 5th Dimension – Aquarius / Let the Sunshine In

Raphael – Aquarius

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La noche más larga de Bruce Springsteen

Posted in Bruce Springsteen, Clarence Clemons, Conciertos, E Street Band, Efe Eme with tags , , , , on 18/06/2012 by Héctor Sánchez

A pesar de la ausencia de Clarence Clemons, Bruce Springsteen demuestra que la E Street Band sigue en plena forma ofreciendo un concierto de casi cuatro horas de duración. El Santiago Bernabéu se convirtió ayer en la última parada del Boss en nuestro país donde presentó su último trabajo Wrecking Ball (2012). Un concierto en el que hubo sorpresas como homenajes, dedicatorias especiales, viejas canciones que nunca habían sonado en directo e invitados especiales. Cuatro horas dan para mucho.

El Boss regaló cuatro horas de rock.

El concierto de anoche en Madrid será motivo de debate para los aficionados de Bruce Springsteen. ¿Fue su actuación en directo más larga? En el listado de los conciertos más extensos del Boss se encuentra una actuación que la E Street Band ofreció la Nochevieja de 1980 mientras presentaba The River, en la que los músicos tocaron 38 canciones en 3 horas y 45 minutos. El pasado 10 de junio, Milán entraba en el podio con 33 temas en 3 horas y 40 minutos de concierto. Ayer, en el estadio Santiago Bernabéu, “solo” sonaron 32 canciones. ¡Pero la banda se mantuvo en el escenario sin parar durante 3 horas y 48 minutos! Los músicos se hicieron de rogar y subieron al escenario con más de media hora de retraso. Pero la espera mereció la pena.

Esta gira planteaba una duda, ¿cómo sonaría en directo la E Street sin Clarence Clemons? Hoy se cumple un año exacto desde que el saxofonista abandonara para siempre la calle E. Para asumir el riesgo de sustituir al poderoso e icónico Clemons, la banda ha incorporado una magnífica sección de vientos, en la que destaca, y brilla con luz propia, el sobrino de Clarence, Jake Clemons. Bruce no había vuelto a tener una sección de viento desde la gira con la Seeger Sessions Band en 2006 y la E Street, desde el Tunnel of love express tour en 1988. A pesar de la baja de Clemons y de Danny Federici, fallecido en 2008, hacía tiempo que la E Street Band no reunía a tanta gente en el escenario. Y eso que la mujer de Springsteen, Patti Scialfa, tampoco estaba entre los músicos. «Patti está en casa con los niños», dijo Bruce.

El espectáculo comenzó con «Badlands», cuyo mensaje sigue siendo actual («El hombre pobre quiere ser rico, / el rico quiere ser rey /, y un rey no se siente satisfecho / hasta que lo controla todo»), seguida de la esperanzadora «No Surrender». Estas dos canciones definen la actitud de asumida por el Boss: un lado crítico y duro y otro optimista, en el que uno no debe olvidar la esperanza. «We Take of Our Own», «Wrecking Ball» y «Death to My Hometown» fueron los tres primeros temas que presentó de su último trabajo.  Otras canciones de este álbum fueron «Shackled and drawn» y «We are alive», tema con reminiscencias de Johnny Cash que interpretó con la imagen de la luna en las pantallas del escenario.

El primer momento emotivo de la noche vino de la mano de «My city of ruins», con este tema, Bruce no sólo presentó a los músicos, además hizo mención, aunque sin nombrarlos, a sus compañeros caídos. «¿Estáis echando de menos a alguien?», preguntó con un rostro emocionado. «Si vosotros estáis aquí y nosotros estamos aquí, entonces ellos también están aquí. Que escuchen vuestras voces». El Boss jugó a imitar a un predicador ante una multitud de 60.000 fieles, y continuó representando el papel con «Spirits in the night», además de darse un buen baño de masas.

Muchas veces, a Springsteen le gusta usar el escenario como si de una tarima política se tratara. «Jack of all trades» fue precedida de otro discurso de apoyo por parte del cantante: «En EE.UU. hemos vivido malos tiempos. Aquí también. Demasiada gente ha perdido su trabajo. Sé que aquí los tiempos son peores. Nuestro corazón está con vosotros. Queremos dedicar esta canción a todos los que están luchando en España». Si esta canción hubiera sido compuesta hace años, la pista y las gradas estarían iluminadas por mecheros, pero en lugar de pequeñas llamas, infinitas pantallas de móvil coreaban al ritmo de la música e iluminaban el estadio.

Otro detalle que tuvo el músico vino con «The River»: «Queremos dedicar esta canción a Nacho y a su familia». Nacho Hurtado era un joven de 20 años que tenía pensado acudir al concierto, pero que murió antes de cumplir su sueño ya que no pudo ganar la lucha contra el cáncer. «Estás en nuestras plegarias», fueron las palabras del cantante en recuerdo y homenaje al chico.

La noche contó con un par de sorpresas. Madrid parecía convertirse en la costa Nueva Jersey al recibir a un invitado especial, el músico y amigo Southside Johnny, quien cantó a dúo con Springsteen «Talk to Me», un tema compuesto por el Boss para su camarada que no sólo sirvió para demostrar el colegueo de los dos cantantes, sino también para sacar a relucir su lado más gamberro y bufonesco. La otra sorpresa fue «Spanish eyes», una canción recuperada en la caja especial de The Darkness on the Edge of Town que Bruce Springsteen todavía no había tocado en directo y que dedicó a «las mujeres bonitas de España». ¿En qué otro lugar podía estrenar Bruce está historia de amor y este tema tan esperado por los fans?

Otra novedad en esta gira es el solo de guitarra de «Because the Night», que ya no le corresponde a Nils Lofgren sino que se lo ha cedido al pirata Steve Van Zandt. El momento de lucimiento de Nils lo tuvo en «Youngstown», donde se puso a girar como una peonza como de costumbre mientras rasgaba las cuerdas de su guitarra. La espléndida «Be True» también resultó una sorpresa junto a otros temas clásicos como «She Is the One» o «Working on the Highway» y los siempre bien recibidos por los fans como el descarte de Born in the U.S.A. «Murder Incorporated» o «My Love Will Not Let You Down». Puro rock.

Pero no todo fue rock. «El soul es esencial en el corazón del rock & roll», declaró Bruce y se atrevió con unas versiones de los clásicos «The Way You Do the Things You Do» de los Temptations y «634-5789» de Wilson Pickett, temas con los que disfrutó tanto como con sus propias composiciones. Y es que Bruce disfruta como el que más en sus conciertos. Se lo pasa en grande, ya sea poniéndose gafas, corbatas o cualquier objeto que le lance el público, como subiendo a un niño para que cante «Waitin’ on a Sunny Day», como subiendo chicas para que bailen «Dancing in the dark». Pero esta vez, con quien quería bailar la chica era Nils Lofgren, como indicaba en el cartel que llevaba. Los tiempos cambian y ahora, mientras las mujeres bailan con Nils, Bruce baila con niñas para meterse en el bolsillo a sus nuevos seguidores desde pequeños.

«The Rising» precedió a «Thunder Road» y Jake Clemons se atrevió con el solo de su tío, no sin antes señalar al cielo. Clarence puede sentirse orgulloso, su sobrino ha hecho un buen trabajo. Aunque esta vez tampoco supimos si Mary se subía al coche para escapar por la Carretera del Trueno, «Thunder Road» sonó increíble con toda la sección de viento en primera fila.

Pero esto no era todo. ¡Faltaría más! «Rocky Ground» fue el primero de los bises, un buen tema en el que el rap sigue desconcertando, y más si justo en ese momento se acopla el micro. «Born in the U.S.A.» hizo corear a todo el Santiago Bernabéu, hubiera sido más emocionante escuchar «Bobby Jean», pero por ver a Max Weinberg en acción mereció la pena. «Born to Run» tampoco falló. Ni «Hungry Heart», canción que dentro de poco sólo interpretará la E Street mientras Bruce ofrece el micrófono al público. Con «Seven Nights to Rock», el Boss tocó el piano con la cabeza y después de la citada «Dancing in the Dark», Bruce se hace el agotado y se tumba fingiendo cansancio hasta que su colega Little Steven le escurre una esponja en su cabeza. «¡Una más!», grita Springsteen animado. Y llega el momento más emotivo con «Tenth Avenue Freeze-Out». «Esta es una parte importante», dice antes de que la letra haga mención al Big Man, y todo se queda en silencio. La pantalla muestra imágenes de Clarence Clemons junto a Bruce Springsteen en distintas etapas y termina con un primer plano de la mirada del gran saxofonista. La sensación es extraña. Ha sido un concierto maravilloso pero se ha echado de menos al gigantón del saxo y a la otra mitad de la cubierta de Born to Run.

Aunque «Tenth Avenue Freeze-Out» parecía que iba a ser la última, al Boss todavía le quedaban ganas y terminó con la festiva «Twist & Shout» acompañado de nuevo de Southside Johnny. Un cartel entre el público decía «Bruce, relájate. Estoy muy mayor para un concierto de tres horas y cuarenta minutos». Pero a sus 62, Bruce Springsteen no parecía lo suficiente mayor para un espectáculo que será muy difícil de olvidar. Con el Boss, casi cuatro horas resultan pocas.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme.