Archivos para noviembre, 2011

El Club de los 27: Janis Joplin

Posted in Club de los 27, Janis Joplin with tags , on 28/11/2011 by Héctor Sánchez

Después de que Janis Joplin conociera la noticia de la muerte de Jimi Hendrix, la cantante comenzó a cuestionarse qué podría suceder si ella falleciera: «Me pregunto si yo muriera… ¿qué pasaría? ¿Hablarían de mí tanto como de Jimi? ¡Ja, ja! ¡No es un mal truco para hacerse publicidad». Además, pensó que después de semejante acontecimiento, ella no podría morir también en 1970: «Disminuye mis posibilidades. Dos estrellas del rock no se pueden morir en el mismo año». Incluso bromeó con Myra Friedman, encargada de la publicidad de su representante, sobre el asunto: «No te preocupes, Myra, querida, no voy a morir el mismo año que Jimi Hendrix. ¡Soy mucho más famosa que él!». En menos de un mes desde que Jimi pasara a mejor vida, Janis ya le había imitado.

Janis Joplin, tan visceral y enérgica como triste y solitaria

¿Puede considerarse el fallecimiento de Janis Joplin como la crónica de una muerte anunciada? Poco antes de que Joplin echara su último trago, la cantante tuvo una interesante conversación con Kris Kristofferson en la que él trató de mostrarle el lado brillante de la vida: «Vamos, chica.  ¿De qué estás hablando? Tienes un chaval estupendo que te quiere, y tienes un público que te adora, que ha vuelto a creer en ti y una carrera con muchas cosas de las que te puedes enorgullecer. Hay gente en este negocio que no tiene ni una cosa ni la otra, ¿por qué hacer estallar todo?». A lo que Janis Joplin respondió con un lacónico: «Kris… ¿Cuánto vale realmente todo eso?».

Por esa época, la vida no le iba tan mal a la cantante. Se encontraba inmersa en la grabación de un nuevo álbum con el que estaba la mar de satisfecha, Pearl, titulado así por el mote por el que se le conocía a Janis. Pero a Pearl no sólo le iba bien en lo profesional; además, parecía haber encontrado el verdadero amor. Para alejarse  de la imagen de devoradora de hombres que interpretaba su personaje, la cantante había decidido sentar cabeza. El elegido fue Seth Morgan, un estudiante de la universidad de Berkeley, hijo de una familia acomodada de Nueva York y que fingía ser nieto del banquero J. P. Morgan. «Nos casaremos en México y después haremos un crucero de viaje de bodas por el Caribe. No, no pongáis esa cara ¡de verdad, esta vez en serio!, ¡le amo y me voy a casar con él!», comentaba Joplin a sus colegas. Janis lo tenía claro y a finales de agosto la pareja habló con el abogado, Bob Gordon. Según las leyes de California, él podría reclamar la mitad de los ingresos de ella, mientras que ella no tendría ningún derecho sobre el dinero de él. Más adelante, Gordon le recomendó que realizara un contrato prematrimonial.

La cantante tenía buenas intenciones y había comenzado a cuidar su consumo de alcohol para dejar atrás a la borracha que había sido. Incluso había controlado su adicción a la heroína. Pero esta moderación de alcohol y droga le ocasionaba ansiedad. Como, en el fondo, Pearl no era tan dura como intentaba parecer, volvió a buscar la felicidad en el final de una aguja a pesar de que Seth le echara la bronca: «Janis, te tiras dentro de un pozo y después llamas a alguien para que te demuestre que te quiere sacándote de allí. Entonces te das la vuelta y te tiras en otro, pero más hondo, y antes de que lo notes, esa persona se sentirá como un pelele y te dejará allí abajo».

Debido a la grabación del disco, Janis Joplin tuvo que trasladarse a Los Ángeles y Seth Morgan se quedó en la casa de la cantante en Larkspur (California). Seth aprovechó los días de diario para llevarse a sus ligues a la cama de su novia, mientras los fines de semana se acercaba a Los Ángeles para acompañar a Janis. Pero este tiempo no era suficiente para Pearl, que sufría una dependencia enorme y deseaba que su hombre pasara más tiempo con ell,a por lo que Joplin se sentía, como se solía sentir habitualmente, sola y abandonada. Peggy Caserta, una amiga y amante drogadicta de Janis, intentaba quitarle de la cabeza la idea de la boda ya que pensaba que el chico la estaba utilizando. «Si hubiera sido una don nadie, ni siquiera la hubiera mirado», acabaría asegurando el caballero Morgan.

A finales de septiembre, Janis Joplin y Seth Morgan fueron de compras. Él vio una camisa que le gustaba y le dijo a Joplin, como si ella fuera a pagársela: «Muchas gracias, es muy amable de tu parte». Este comentario provocó una histérica discusión sobre el dinero de la cantante que disgustó a Joplin, quien se marchó llorando al hotel. La cantante estaba atrapada: odiaba sentirse utilizada por su pareja pero al mismo tiempo, la idea de perder a Seth le aterrorizaba. Morgan no le dio ninguna importancia al suceso. Lo que no sabían es que esa sería la última vez que se verían.

Pearl sobre su Porsche, psicoldelia sobre ruedas

Janis volvió a hablar con el abogado Bob Gordon el 1 de octubre para informarse sobre los trámites del matrimonio. Aprovechando la conversación, Joplin cambió su testamento. En el anterior, dejaba todos sus bienes a su hermano Michael; en el nuevo, éste sólo recibía una cuarta parte ya que la mitad sería para sus padres y el otro cuarto para su hermana Laura. Además del nuevo reparto, Pearl puso un fondo de 2.500 dólares para que se celebrara una fiesta en su honor el día que muriese. No se imaginó que la fiesta acabaría celebrándose a los pocos días.

El sábado 3 de octubre, la cantante llamó a su camello, que se presentó en el Hotel Landmark y le pasó una cantidad de heroína más pura de lo que estaba acostumbrada. Esa misma tarde, Janis acudió al estudio de grabación, se reunió con la banda Full Tilt Boogie y quedó encantada con la grabación de la parte musical del tema «Buried Alive In the Blues». Joplin estaba entusiasmada con esa canción cuya parte vocal grabaría al día siguiente. Después, Janis y Ken Pearson, miembro de la banda, fueron al Barney’s Beanery para tomar unos vodkas. Sobre las doce, la cantante regresó a su habitación en el Hotel Landmark donde, a pesar de que esperaba dos visitas, se encontró sola.

Por la tarde había charlado con Seth por teléfono. Morgan le había prometido volar a Los Ángeles ese sábado, pero si Janis quería ver a su novio tendría que esperar hasta el domingo. Este retraso ocasionó otra bronca en la pareja y Joplin se disgustó. Su otra visita, Peggy Casserta, acabó en el Hotel Chateau Marmont con su nueva conquista en lugar de acudir a su cita con la cantante en el Hotel Landmark, y ni siquiera llamó para justificar su ausencia. Desesperada, Pearl telefoneó a Seth Morgan, quien no atendió la llamada porque se encontraba flirteando con una camarera del Trident Club de Sausalito.

Como de costumbre, volvía a estar sola. No tenía a nadie alrededor, así que el único entretenimiento que tenía esa noche fue un buen chute. Sobre las cuatro y cuarto de la madrugada, bajó al vestíbulo para comprar un paquete de tabaco y estuvo charlando con el conserje, Jack Hagy. La triste Joplin no sólo quería fumar, quería sentir algo de compañía. Aunque el conserje no tenía ni idea de quién era la persona que le estaba hablando, escuchó con atención sus comentarios sobre el próximo disco. Esa fue la última conversación de la artista. Janis Joplin subió a su habitación, dejó sobre la mesilla el paquete de cigarrillos que aún no había abierto y se desplomó con las monedas de la vuelta en su mano.

El certificado de defunción de la cantante

¿Quién encontró el cuerpo de Pearl inerte? Como Seth Morgan no consiguió contactar con Janis por teléfono, llamó a John Cooke, el director de gira, para decirle que la cantante no contestaba sus llamadas. Además, Cooke se preocupó cuando descubrió que Joplin no había acudido al estudio para grabar su parte de «Buried Alive In the Blues». Morgan llegó a Los Ángeles al mediodía y fue con Cooke hasta el hotel donde, después de forzar la puerta, encontró el cadáver entre la mesilla y la cama. Sin embargo, Vince Mitchell, el otro director de giras, tenía otra versión. El domingo por la tarde, el círculo habitual de Janis estaba reunido en una habitación del hotel preguntándose dónde estaba Pearl. Mitchell sintió malas vibraciones cuando vio el Porsche psicodélico de Janis aparcado en el hotel y le pidió a John Cooke que consiguieran las llaves de la habitación para entrar. Cuando abrieron la puerta la encontraron tirada en el suelo y parecía que se había partido la nariz con el golpe. Aturdidos, se pusieron en contacto con Albert Grossman, el representante de la artista, que a su vez llamó al médico que la declaró muerta a las nueve menos cuarto de la noche del 4 de octubre.

Cuando la policía llegó a la habitación, los investigadores no encontraron drogas, por lo que hasta se plantearon la hipótesis de que alguien la hubiera asesinado. Al encontrar el cuarto tan limpio, Mitchell pensó que esa noche hubo alguien más en la habitación. Alguien quitó la bolsita de heroína para que la prensa no publicara nada y después la volvió a colocar. El médico forsense, Thomas T. Noguchi, aseguró que la muerte fue accidental, como consecuencia de una sobredosis de la heroína de alta pureza que Joplin había consumido. Esa misma noche, también fallecieron otras ocho personas que compraron heroína al mismo camello.

El 7 de octubre, tuvo lugar una ceremonia fúnebre íntima y familiar en el Westwood Village Mortuory de Los Ángeles. Sus restos mortales fueron incinerados y las cenizas se arrojaron al mar, en las aguas de la playa de Marin Conty (California) como la cantante deseaba. Por otra parte, en enero de 1971, se publicó su álbum póstumo, Pearl, el mejor disco de su carrera y cuyo éxito no pudo disfrutar.

Pearl, su éxito póstumo

«Tal vez no acabes siendo feliz, pero que me follen si no lo voy a intentar. Si no lo intentas, es como suicidarte el día que naces», declaró en su momento Janis. La cantante nunca llegó a ser feliz y desde su infancia arrastró el complejo de querer ser querida y de sentirse sola. Janis Joplin no se suicidó y es probable que acabara muriendo víctima de la heroína. Si su último pinchazo fue esa noche, se debió a que estuvo acompañada por quien más temía: la soledad. Y la muerte aprovechó para obtener otra J para su póker. Ya sólo le faltaba otra carta para conseguir una buena mano.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Fleet Foxes: Llegó la calma y el frío

Posted in Conciertos, Efe Eme, Fleet Foxes with tags , , , on 26/11/2011 by Héctor Sánchez

El plato fuerte del festival San Miguel Primavera Club, los Fleet Foxes, actuó ayer en la sala La Riviera. El grupo de Seattle presentó su segundo trabajo Helplessness Blues (2011), que sigue la estela serena de su álbum debut, en un escenario que no ayudó a la hora de transmitir el intimismo de su música.

El grupo de Seattle se mostró tímido con el público. Foto: ESTEFANÍA RUEDA

Al pensar en un concierto o en un festival es fácil que nuestra mente se llene de imágenes de una masa enfervorecida de gente dando saltos, levantando los brazos y agitando la cabeza como si actuaran bajo los efectos de un salvaje ritual. Sin embargo, cuando los Fleet Foxes aparecieron ayer sobre el escenario de La Riviera con una puntualidad británica, dieron las gracias a los asistentes y se lanzaron con «The Plains / Bitter Dancer», el público estaba manso, calmado, no había vorágine, todo era paz. También ayudaba el fondo de estrellas que se proyectaba detrás del grupo de Seattle.

El sexteto llegó para presentar su segundo disco, Helplessness Blues (2011), pero antes de dedicar un repertorio dominado por ese trabajo (y en el que faltó «Montezuma»), el grupo nos transportó a «Mykonos» y a Brighton con «English House», dos temas extraídos de su EP «Sun Giant» (2008). Tras estas dos canciones, «Battery Kinzie» fue muy bien acogida por el público pero al mismo tiempo se notó que la acústica de la sala no era tan buena como debería y cómo el sonido de las voces pasó un poco desapercibida.

Otro tema tranquilo, «Bedouin Dress», dio paso a «Sim Sala Bim», una canción con una batería potente y que sirvió  para que la banda animara al público con palmas. «Your Protector» no sólo fue la primera canción que tocaron de su álbum debut, Fleet Foxes (2008), sino que además confirmó que la sala y la acústica no les estaba haciendo ningún bien a un grupo como este. A pesar de esto, la banda consiguió que el público comenzara a bailar con su tema más popular, el ya clásico «White Winter Hymnal» y la canción más aplaudida del concierto. Los espectadores se fueron animando con «Ragged Wood» pero se calmaron de nuevo con la parte más tranquila del tema.

Entre «He Doesn’t Know Why» y «Lorelai», el grupo se dirigió al público con un escueto «¿qué tal?»; una de las pocas referencias hacia los espectadores. A continuación, los Fleet Foxes tocaron de un tirón «The Shrine / An Argument», con su peculiar solo de saxo; «Blue Spotted Tail», donde un energúmeno del público rompió el momento con unos gritos dignos de un orco de las minas de Moria; y «Grown Ocean», el último tema del disco. Con estas tres canciones, tocadas exactamente en el mismo orden dentro del álbum, el sexteto se despidió casi a la francesa. «Adiós». Y se fueron.

Tampoco se hicieron de rogar mucho para volver a subir al escenario. El sol se levantó en los bises con «Sun It Rises», pero se levantó a medias. ¿Por qué eliminaron el comienzo de la canción? ¿Por qué quitaron la mejor parte? ¿Dónde se dejaron las “rojas ardillas” con las que abrían su álbum homónimo? Una pena que fulminaran el comienzo genial del tema. «Blue Ridge Mountains» precedió a la última canción de la noche y que sirve de título del segundo disco, «Helplessness Blues». Los Fleet Foxes dieron las gracias y ahí sí que se fueron.

No interactuaron apenas con el público, no hubo presentación de los músicos, ni siquiera mostraron complicidad entre los miembros de la banda. El grupo de Seattle ofreció una imagen seca de cara a los espectadores, pero no seca como si fueran antipáticos, sino como si estuvieran cortados, fueran tímidos o les faltara un poco de fuerza.

Los Fleet Foxes son buenos músicos, sus álbumes y sus canciones demuestran que tienen mucho talento. Sin embargo, el directo no sirvió de lucimiento, las armonías vocales que tanto les caracterizan pasaron desapercibidas por una acústica que dejó mucho que desear y que no llegó por igual a toda la sala. La sala La Riviera no fue el lugar idóneo para aprovechar y sacar el máximo partido de la magia del grupo. Lástima. Podría haber sido un concierto muy emocionante. La sensación de calidez frente al frío que transmiten sus discos no se percibió en un recinto tan grande y caótico. Una actuación de un grupo como este exigía un escenario más reducido, más íntimo. Una sala más pequeña o, incluso, un teatro hubieran beneficiado a los Fleet Foxes. Quizá la próxima vez.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme.

Parecidos razonables: Cat Stevens – The Flaming Lips

Posted in Cat Stevens, Parecidos razonables, The Flaming Lips with tags , , on 25/11/2011 by Héctor Sánchez

Cat Stevens – Father and Son (1970)

The Flaming Lips – Fight Test (2003)

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

JD McPherson: Una explosión de rock & roll

Posted in Conciertos, Efe Eme, JD McPherson with tags , , , on 11/11/2011 by Héctor Sánchez

El sentido y el significado del rock & roll actual tienen nombre propio: JD McPherson. El músico presentó anoche su álbum Signs & Signifiers (2010) en la Sala El Sol de Madrid. Un espectáculo cargado de música capaz de transportarnos a los orígenes del rock con unos acordes de guitarra y una voz rasgada.

El músico de Oklahoma repasó su primer disco al completo. Foto: ESTEFANÍA RUEDA

Tupés, patillas y pantalones vaqueros con dobladillo. El ambiente de la sala El Sol de anoche podía pasar perfectamente por el de un diner estadounidense de los años cincuenta. La ocasión no era para menos, ya que JD McPherson comenzó ayer su gira española para la presentación de su primer disco en solitario, Signs & Signifiers (2010).

Después de casi media hora de retraso, el músico saltó al escenario empuñando su guitarra rosa y acompañado de Jimmy Sutton, al contrabajo, Alex Hall, a la batería, y Jonathan Doyle, al saxo. Sólo cuatro músicos, sólo cuatro instrumentos; un póquer de ases de rock & roll.

McPherson abrió su actuación con una declaración de intenciones, «Scandalous». Esa fue la sensación, un espectáculo escandalosamente bueno y vibrante. «Buenas noches, Madrid. ¿Habláis mi idioma?», preguntó el cantante. La respuesta fue unánime. El público hablaba su idioma, porque su idioma es el rock & roll, como demostró con la genial «Dimes For Nickels».

A continuación, el músico presentó al productor del disco. Jimmy Sutton, grande como músico y grande en altura, tuvo la oportunidad de lucirse con un solo de contrabajo antes de adentrarse en «Country Boy», la versión del tema de Tiny Kennedy. No fue la única versión de la noche, ya que el cuarteto también se atrevió con «Your Love (All That I’m Missing)», de The Bellfuries (tema incluido en el álbum); «I’m Just a Fool to Care», de Art Neville (una de las canciones preferidas de McPherson); «Farmer John», de The Premiers; «Carol», de Chuck Berry; y «You Don’t Love Me (You Don’t Care)», de Bo Diddley. Antes de tocar esta canción, Jimmy Sutton hizo una advertencia: JD McPherson se encontraba mal de la garganta. Después de preguntar si en la sala había algún fan de Bo Diddley, el propio Sutton se encargó de cantar el tema. The Starkweather Boys, el anterior grupo de JD McPherson, también tuvo un hueco en el repertorio con el tema «Abigail Blue».

Pero que estas versiones no confundan, el hilo conductor principal del concierto fueron los temas propios de Signs & Signifiers y, entre ellos, de vez en cuando, el vocalista se disculpaba por el estado de su voz echándole la culpa al aire acondicionado de los aviones. Después de «I Can’t Complain», McPherson preguntó: «¿Todo el mundo está feliz?». ¡Como para no estarlo ante semejante ritmo y talento! También recordó que el concierto de ayer fue su segunda actuación en España después de su visita el pasado verano al Screamin’ Festival de Pineda del Mar, y preguntó si entre el público había alguien que hubiera estado también en el festival. Los incondicionales gritaron.

Los músicos dieron un respiro con un tema más relajado, «A Gentle Awakening». En esta canción se echó de menos el piano, tal como se escucha en el álbum, pero el saxofón fue un buen sustituto.

En varias canciones, JD McPherson pidió la colaboración del público, pero en «B.G.M.OS.R.N.R.», apuntó directamente a sus seguidores con el micrófono para que así todo el mundo formara parte de su fiesta rocanrolera. La euforia continuó con «Fire Bug», uno de los temas más celebrados. El público enloqueció, se notaba en el ambiente; hasta Sutton se quedó en manga corta. Para cerrar el concierto, no podía faltar el tema homónimo que sirve de título al disco y «North Side Gal», la canción más popular del cantante, que dedicó a su público y con la que presentó a los miembros de la fantástica banda que le acompaña.

Pero aquí no quedó la cosa. A continuación, los músicos regresaron al pequeño escenario para regalarnos unas últimas canciones; entre ellas, la pegadiza «Scratching Circles» y su homenaje a Howlin’ Wolf, «Wolf Teeth», con la que concluyeron su fiesta de rock & roll con sabor cincuentero.

El problema de voz de McPherson habría pasado desapercibido si no se hubiera disculpado por ello. Si el concierto fue de sobresaliente estando así, con la voz al cien por cien habría sido de matrícula de honor. No se puede esperar otra cosa de una colección de buenas canciones interpretadas por cuatro músicos excepcionales.

Para rematar la noche y hacerla más redonda todavía, después de la actuación, Jimmy Sutton y JD McPherson bajaron del escenario y se acercaron a su público para firmar cds, vinilos y pósters. McPherson no sólo tuvo un bonito detalle con sus fans, sino que demostró ser un artista modesto, cercano, cariñoso y con los pies en el suelo. Así da gusto.

Nos veremos en El Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme.

George Harrison. Living in the Material World: Los dos mundos del Beatle según Scorsese

Posted in Efe Eme, George Harrison, Martin Scorsese, Películas, The Beatles with tags , , , , on 10/11/2011 by Héctor Sánchez

A Martin Scorsese le apasiona la música. Las bandas sonoras de películas como Malas calles (1973), Uno de los nuestros (1990) Casino (1995) o Al límite (1999) son buenos ejemplos del gusto musical del director. Pero en ocasiones no le basta con embellecer sus largometrajes con buenas canciones y se embarca en documentales sobre grandes figuras de la música. Con El último vals (1978) mostró la despedida de The Band, No Direction Home (2005) repasaba la trayectoria del genio Dylan y Shine a Light (2008) nos introdujo en un concierto de Sus Satánicas Majestades, The Rolling Stones. En su último documental sobre rock le toca el turno a George Harrison.

Martin Scorsese se sumerge en la vida del Beatle tranquilo

Una de las diferencias entre este documental y los otros mencionados es que la figura de la que habla ya no se encuentra entre nosotros; por ello, George Harrison. Living in the Material World (2011) no sólo es un repaso a la vida del músico, sino que además es un emotivo homenaje por parte de Scorsese al más tranquilo y espiritual de The Beatles. Harrison nació en 1943 y falleció en 2001. Para narrar estos 58 años, Scorsese emplea casi tres horas y media de película, que se encuentra dividida en dos partes.

El documental alterna una gran cantidad de imágenes de archivo con entrevistas actuales de las personas que fueron importantes en la vida del músico. Como no podía ser de otra manera, la película comienza con la llegada del joven Harrison a The Beatles y analiza la trayectoria de los cuatro de Liverpool pasando por todas sus etapas hasta su disolución, pero centrándose en la figura de Harrison y el papel que interpretó en el grupo.

A pesar de que George Harrison era el miembro más discreto de The Beatles y solía estar a la sombra de Lennon y McCartney, Paul insiste que en el grupo todos tenían la misma importancia y que eran las «cuatro esquinas de un cuadrado». En el documental queda reflejado que George tenía una tarea sumamente importante para la banda: mantener la calma entre John y Paul. Los momentos más divertidos de la película (junto al, posiblemente, más emocionante) vienen de la mano del cuarto miembro del grupo, Ringo Starr. Aunque no aparecen declaraciones de archivo de Lennon sobre Harrison, su viuda, Yoko Ono, habla de su relación con George y destaca dos cosas: que nunca se sintió incómoda o de más con él y que Harrison les animó para que llevaran a cabo esa “canción” llamada «Revolution 9». Tampoco faltan los testimonios de Astrid Kirchherr y Klaus Voormann, dos personajes clave de la época de Hamburgo.

Además de sus andanzas con los Cuarto de Liverpool, Scorsese ahonda en la trayectoria del guitarrista en solitario de la mano de Phil Spector, padre del muro de sonido, quien le animó a que comenzara su carrera en solitario como el resto de sus compañeros estaban haciendo. Además, Harrison tenía una ventaja: tenía muchas canciones escritas por él que The Beatles habían rechazado.

Pero no todo son The Beatles, también hay hueco para el supergrupo que Harrison montó a finales de los años 80, The Traveling Wilburys. Tom Petty recuerda de dónde surgió este proyecto que formaron junto a otros astros como Bob Dylan, Roy Orbison y Jeff Lynne.

El consumo de droga, siempre relacionado con el mundo del rock, es un tema del que se habla abiertamente en la película. Pero George Harrison cambió el LSD por la meditación. La fascinación del guitarrista por la meditación tiene en la película la misma importancia que su participación en el cuarteto de Liverpool. Sus viajes a La India, el mantra, su relación con Ravi Shankar o el concierto para Bangladesh son aspectos clave para conocer el lado más espiritual de Harrison. «La meditación le absorbió», comenta Pattie Boyd, su primera mujer.

No podía faltar la historia de uno de los triángulos amorosos más conocidos del rock: el formado por George Harrison, Pattie Boyd y Eric Clapton. Mano Lenta afirma en la película que se sentía como Lancelot en Camelot cuando se enamoró de la mujer de su mejor amigo y que Harrison «se portó como un caballero» al darle carta blanca con Boyd. Por otro lado, su segunda mujer, Olivia Harrison, recuerda, entre otras cosas, el día que su marido fue apuñalado en su propia casa y relata de forma emocionante los últimos días de George en su lucha contra el cáncer.

Aparte de hablar de la música, las creencias y la vida sentimental de Harrison, Scorsese entrevista a dos Monty Phyton: Eric Idle y Terry Gilliam. Ambos recuerdan que gracias a George Harrison pudieron realizar su polémica película La vida de Brian (1979) debido a que el Beatle hipotecó su casa para poder pagar la película.

El director Terry Gilliam describe a Harrison como un hombre «atrapado en dos mundos: uno material y otro espiritual». Así fue el hombre que se escondía tras George Harrison y que Martin Scorsese ha sabido retratar con éxito: un personaje con una dualidad. Un hombre que aunque subió a la cima gracias al grupo de rock más importante de la historia, logró la felicidad cuando se encontró a sí mismo en la espiritualidad.

El documental, al igual que la vida de George, tiene altibajos. Las partes dedicadas a su experiencia musical y las declaraciones de los implicados resultan mucho más interesantes que los fragmentos que hablan de la religiosidad de Harrison y que llegan a resultar demasiado densos en ocasiones. Aunque, sin duda, la película es recomendable tanto para los seguidores del cuarteto como para aquellos curiosos que quieran conocer un poco más la figura del Beatle más desconocido. «Soy más normal que la gente normal», así se definió el músico en una de las entrevistas de archivo; sin embargo, Martin Scorsese ha sabido retratar con cariño, respeto y admiración la vida de un hombre excepcional.

Después de The Band, Bob Dylan, The Rolling Stones y George Harrison sólo cabe hacerse una pregunta: ¿quién será la próxima estrella de rock que pase por la cámara de Scorsese?

 

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme.

JD McPherson: el sentido y significante del rock & roll

Posted in Efe Eme, Entrevistas, JD McPherson with tags , , , on 09/11/2011 by Héctor Sánchez

Viene desde Oklahoma y su música suena como si no hubieran pasado 50 años. JD McPherson, el que fuera cantante y guitarrista de The Starkweather Boys, presenta su disco en solitario Signs and Signifiers; un álbum grabado analógicamente, como los de antes, y que cuenta con la colaboración de Jimmy Sutton y Alex Hall. El próximo día 10 de noviembre aterrizará en Madrid (Sala Sol), el 11 en Tomelloso (Sala Beat), el 12 en Benidorm (Festival Ubangi Stomp), el 13 en Hondarribia (Sala Psilocybe), el 14 Liérganes (Los Picos), el 15 en Santiago (Capitol), el 16 en Gijón (The Monkey Club), el 17 en Bilbao (Kafe Antzokia) y el 18 en Barcelona (Sala 2 de Apolo).

JD McPherson, revival analógico

 

Signs and Signifiers es tu nuevo disco. ¿Cuál es “el sentido y el significante” del rock & roll?

El rock & roll debe fluir y estar lleno de energía y entusiasmo.

 

¿De dónde viene tu afición por el rock & roll?

Empecé a interesarme por el rock & roll cuando tenía unos 13 años. Al principio escuchaba lo que les gustaba a mis hermanos: hard rock, grupos como Led Zeppelin y Jimi Hendrix. Cuando era un poco mayor, empecé a escuchar punk rock y después descubrí los álbumes de la era Decca de Buddy Holly; eso me marcó. Aunque me seguían encantando Led Zeppelin y el punk rock.

 

El primer disco de tu colección fue de Run D.M.C., te gustan The Pixies y tus influencias son Little Richard, Joe Strummer y The Smiths. ¿Todo este eclecticismo queda reflejado en tu sonido? ¿Qué otras influencias tienes?

Creo que el rock & roll y el rhythm & blues de los 50 son nuestro punto de partida, pero si escuchas canciones como «Signs and Signifiers» y «Gentle Awakening», se nota que hay otras influencias que se han abierto camino.

 

Que comparen tu música con las canciones de Little Richard, Chuck Berry, Jackie Wilson, Bob Didley o Screamin’ Jay Hawkins, ¿es un honor o es una responsabilidad?

Siempre es un honor que te comparen con tus héroes. Pero la verdadera presión surge cuando estás intentando crear algo propio y por fin encuentras tu sonido.

 

Signs and Signifiers es tu primer álbum en solitario después de formar parte de The Starkweather Boys, ¿qué te animó a seguir tu carrera en solitario?

Empecé a hablar con Jimmy Sutton cuando yo estaba todavía en The Starkweather Boys y, cuando dejé la banda, él acababa de terminar su estudio. Nuestro proyecto fue el primero de su nuevo sello discográfico. Estaba muy entusiasmado por poder trabajar con Jimmy ya que había sido un gran admirador de su carrera durante mucho tiempo.

 

Pero no estás solo en el proyecto, ¿cómo fue contar con el trabajo de Jimmy Sutton y Alex Hall?

Jimmy y Alex son literalmente una de las mejores secciones rítmicas del planeta. Ambos están repletos de magníficas ideas musicales y son muy receptivos a la hora de llevar las cosas hacia una dirección nueva y provocadora. Además de ser un batería e ingeniero de grabación increíble, Alex es también un pianista y teclista con mucho talento. Toca un Hammond B3 en «I Can’t Complain» y las partes de piano de «Fire Bug» y «B.G.M.O.S.R.N.R.». Jimmy también es guitarrista y toca la guitarra principal en «B.G.M.O.S.R.N.R.».

 

¿Cómo es posible que un álbum publicado en el año 2010 suene como un disco de los años 50?

Principalmente debido al equipo, a los métodos de grabación y, sin duda, a los músicos. Los ingenieros de grabación modernos creen que tienen que colocar un micrófono delante de cada fuente de sonido, justo frente a ellas, y grabarlo todo por separado. ¡Se puede conseguir un gran sonido de batería con sólo dos micrófonos! Todos los músicos de este álbum han invertido gran parte de sus vidas escuchando y aprendiendo sobre este tipo de música.

 

El álbum está grabado de forma analógica. ¿Por qué grabarlo así?  ¿Por la calidad del sonido o por nostalgia?

Lo analógico suena fenomenal. Es un sonido muy cálido. No lo usaríamos sólo por la nostalgia, porque entonces echaría por tierra su propósito.

 

¿Por qué crees que se están poniendo de moda los grupos revival que suenan como la música de hace cincuenta años?

Siempre ha habido grupos que tocan este estilo de música, pero quizá últimamente ha habido varios ejemplos que han captado la atención del mainstream. Imelda May está teniendo mucho éxito, pero esto no estaría sucediendo si no fuera una magnífica cantante. ¡Esa es la razón de que haya llamado la atención del mainstream! También hay algunos artistas, como Adele y Janelle Monaé, que tienen influencias de la música soul de los 60, pero de nuevo, están abriéndose paso porque tienen mucho talento.

 

No es la primera vez que visitas España ya que tocaste en el Screamin’ Festival en Pineda del Mar este verano. Has declarado que tu actuación en este festival la consideras como uno de los mejores momentos de tu carrera, ¿a qué se debe?

Fue la primera vez que tocamos para un público que se sabía todas las letras de todas las canciones. Fue salvaje, una locura. ¡España fue el primer país que le prestó atención al álbum!

 

¿Te gusta España y el público español? Vas a tocar nueve noches consecutivas en España, cada una en una ciudad distinta. ¿Qué esperas encontrarte?

¡Estoy contentísimo por poder ofrecer espectáculos más íntimos en España! Fue genial tocar en un festival grande, pero me encanta tocar en salas. También estoy deseando ver otras zonas de España, ya que sólo he estado en Cataluña.

 

Además de presentar tu disco, ¿recordarás alguna canción de The Starkweather Boys en los conciertos? ¿Algún tema de rock o de rhythm & blues clásico?

Normalmente interpretamos algunas canciones de The Starkweather Boys, como «Abigail Blue» y «Little Mae». Y también hay una canción lenta de rhythm & blues de Art Neville que nos encanta interpretar: «Fool to Care»; es una de mis canciones favoritas.

 

En la página de Hi-Style Records anuncias que en tus conciertos contarás con invitados especiales, ¿puedes darnos alguna pista?

Para empezar, será mi primera gira con Jimmy, Alex y Jonathan Doyle. Es muy emocionante. En uno de los conciertos habrá una actuación sorpresa con varios invitados especiales, ¡pero tendrá que seguir siendo una sorpresa!

 

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Texto publicado en Efe Eme

El Club de los 27: Jimi Hendrix

Posted in Club de los 27, Jimi Hendrix with tags , on 05/11/2011 by Héctor Sánchez

Si la muerte de Brian Jones es una historia confusa, la de Jimi Hendrix tampoco se queda atrás. Sobre todo cuando varias versiones provienen de una misma persona; en este caso, de Monika Dannemann, una chica alemana que el guitarrista había conocido en Düsseldorf. Dannemann pensaba que ella era alguien especial para Hendrix; sin embargo, era otra conquista más. Lo que la diferenció de las demás groupies es que ella fue la única que cuando despertó, encontró en la cama el cuerpo de Jimi Hendrix sin vida.

Jimi Hendrix, buen zurdo y mejor guitarrista

¿Sin vida? Eso depende, ya que para la “novia” de Jimi Hendrix, el guitarrista «tenía el pulso normal». Pero mejor, veamos qué sucedió la madrugada y la mañana del viernes 18 de septiembre de 1970 de forma cronológica.

Esa noche, en la habitación de Monika del hotel Samarkand, en Notting Hill, Hendrix escribió la letra de una canción que tituló «The Story of Life». Una hora más tarde, el músico tenía una reunión importante a la que no quería que Dannemann acudiera. No obstante, Monika le acercó a dicha reunión. La “reunión” era una fiesta en la que estaba otra “novia”, Devon Wilson, entre otras personas. Una hora más tarde, sobre las tres de la mañana, Monika Dannemann le recogió.

A continuación, la pareja regresó a la habitación del Samarkand. Dannemann dijo haberle preparado un bocadillo de atún, aunque varios testigos aseguraron que allí no había comida, y bebieron vino. Como el guitarrista no podía conciliar el sueño, le pidió píldoras para dormir; ésta es una de las versiones de Monika de lo sucedido: «Hacia las cuatro me dijo que necesitaba dormir bien esa noche, y me pidió una pastilla para dormir. Le dije que era mejor que tratara de dormir de forma natural. Disimuladamente, yo tomé una tableta para dormir, estuvimos hablando y terminamos dormidos hacia las siete y cuarto de la mañana». Antes, Hendrix había consumido anfetaminas y necesitaba un relajante para poder dormir. La suma de diferentes drogas mezclada con alcohol era una marca de la casa del guitarrista zurdo. Las pastillas que Monika Dannermann tenía para dormir eran un tranquilizante muy potente llamado Vesparax. Dicho medicamento era tan potente que quita credibilidad a los testimonios de la chica, que afirmó despertarse pocas horas después: «Intenté volver a dormir, pero me había desvelado, así que me levanté, me vestí y fui a una tienda de Portobello a comprar cigarrillos. En ese momento, las diez y media, Jimi parecía estar durmiendo con normalidad». Al volver de comprar tabaco, Monika se encontró con la siguiente estampa: «A las once en punto regresé y vi que Jimi seguía dormido, pero le salía como un hilillo de espuma de la boca, y había vomitado. Quise despertarle, pero no reaccionaba de ninguna manera. Le tomé el pulso, y parecía normal, pero empecé a ponerme muy nerviosa porque vi el frasco de las tabletas en el suelo, y faltaban nueve».

Junto a Monika Dannermann, su última conquista

Ante semejante situación, Monika Dannermann palideció y echó mano de la agenda de su “novio”. Encontró el número de Eric Burdon, el vocalista de The Animals, que le dijo por teléfono que pidiera una ambulancia. Burdon llegó al piso antes que la ambulancia y empezó a esconder y recoger toda la droga que allí había. Durante la limpieza encontró la letra de «The Story of Life». Después de leerla, Eric Burdon la interpretó como una carta de despedida y pensó que Jimi se había suicidado.

Cuando llegó la ambulancia, los médicos no encontraron en la habitación a nadie más que a Jimi Hendrix con su rostro cubierto de vómito. Así lo describió el conductor de la ambulancia, Reg Jones: «Era horroroso. La puerta estaba abierta de par en par, sin nadie a la vista, tan sólo el cadáver en la cama». Monika ya no estaba allí, lo que contradice otro de sus testimonios en los que asegura que la culpa fue del equipo de urgencias: «Lo primero que me extrañó es que no tumbaron a Jimi en una camilla, sino que le sentaron en una silla con la cabeza echada hacia atrás. Noté que respiraba con dificultad, se lo advertí a los enfermeros, pero me dijeron que me tranquilizase, que sabían lo que hacían». Incluso la muchacha llegó a asegurar que ella acompañó a Hendrix en el trayecto hasta el hospital y que hablaron durante el recorrido.

Sin embargo, Jimi Hendrix había fallecido dos horas antes de ingresar en el hospital St. Mary Abbots a las doce menos cuarto del mediodía. Las interpretaciones de la muerte fueron de lo más variadas. Entre ellas, destacaba el suicidio, debido al texto que Burdon encontró; pero el mánager de Hendrix, Mike Jeffery, lo tenía claro: «He hojeado un montón de papeles, poemas y canciones, y mucho de ellos podrían ser interpretados como notas de suicidio. No creo que se matara». Su anterior mánager, Chas Chandler también negó el suicido: «Era imposible, Jimi era un vitalista absoluto. Nunca fue el tipo de persona que se traga un frasco de píldoras en medio de una depresión. Mitch (Mitchel) me lo había dicho, tenía proyectos, estaba componiendo canciones, se había decidió a romper con Jeffery… Nadie se suicida en esas condiciones. Estoy convencido que no fue más que un maldito y desgraciado accidente. A Jimi se le iba mucho la mano con la bebida y las pastillas, y más de una vez se lo dije». Además, Chandler afirmó que por la mañana escuchó en su contestador automático un mensaje de Hendrix semiinconsciente: «¿Chas… ¿Estás ahí? Por favor, necesito ayuda». Incluso Eric Burdon se retractó de sus primeras impresiones: «Al principio hice declaraciones equivocadas. Sencillamente, no sabía cuál era la situación. Interpreté mal la nota. Estaba seguro de que se trataba de una nota de suicidio, así que pensé que debía intentar ocultarla y echar tierra sobre el asunto. Jimi me había hablado mucho del suicidio y de la muerte, y yo sabía que él estaba en crisis. Pensé que se trataba de una nota de despedida».

No obstante, otro de los ligues del guitarrista, Jeanette Jacobs, se sintió responsable de la muerte de Hendrix. Jeanette se vino abajo cuando escuchó rumores de boda entre Jimi y Monika, así que se marchó a Amsterdam el día antes de la muerte del músico: «Me sentí abandonada y dejé el país. Me parece que alguien le dijo que yo me había ido y a la mañana siguiente se mató». Si de verdad Jimi Hendrix hubiera querido suicidarse no hubiera tomado sólo nueve pastillas de Vesparax de un bote que tenía cincuenta. Posiblemente, el guitarrista no pensó que el medicamento fuera tan fuerte. La mezcla del Vesparax, el alcohol y la colección de drogas que tenía en el estómago hizo que Hendrix expulsara todo lo que tenía dentro. Su vómito, vino y comida no digerida, hizo que se ahogara y le ocasionó una parada respiratoria. Dos semanas antes, en una entrevista en Dinamarca, había asegurado que no llegaría a su vigesimoctavo cumpleaños.

Para darle más morbo al asunto, uno de los acompañantes del guitarrista durante las giras, James Wright, publicó un libro en 2009, titulado Rock Roadie, en el que responsabilizaba a Michael Jeffery de la muerte de Hendrix. Según Wright, Jeffery asesinó al guitarrista con las pastillas y el vino cuando descubrió el músico tenía intención de despedirlo. Así, el mánager podría cobrar el seguro de vida del músico, ya que era el beneficiario. Esta información llegó a los oídos de James Wright de la propia boca de Michael Jeffery, que lo confesó una noche de copas antes de morir en 1973. No obstante, el día de la muerte de Jimi Hendrix, Jeffery se encontraba en Mallorca, por lo que hubiera necesitado un cómplice. O una cómplice. Otra interpretación más para alimentar el misterio.

Aquí descansa el genial guitarrista

Aunque falleció el 18 de septiembre, la autopsia no se realizó hasta el día 23. Los resultados se publicaron el 28 de septiembre y la causa de la muerte fue asfixia por inhalación de vómito debido a una intoxicación de barbitúricos. Jimi Hendrix abandonó Londres y regresó a su Seattle natal. Fue enterrado en el cementerio Greenwood Mamorial de Renton (Washington). En su lápida, con una guitarra esculpida, figura este texto: «Para siempre en nuestros corazones».

Su funeral se celebró el martes 1 de octubre de 1970 en la iglesia baptista de Dunlap, en Renton. Entre los asistentes estaba su familia al completo, quienes se pasarían años peleando por los derechos de la obra de Jimi; su “novia”, Devon Wilson; su mánager, Michael Jeffrey; el alcalde de Seattle, Wes Uhlman (Hendrix había abandonado Seattle porque la policía le había echado de la ciudad); sus antiguos compañeros de The Jimi Hendrix Experience, Noel Redding y Mitch Mitchell; y otras celebridades de la música como Johnny Winter y Miles Davis, quien centró toda la atención (Jimi ya había declarado que le gustaría que en su funeral estuviera presente el legendario trompetista). Durante la ceremonia se leyeron textos escritos por el guitarrista: «El expreso ha pasado la curva, ya viene hacia aquí, agitándose al compás, agitándose alegremente, agitando los sentimientos, agitando la vida… Mientras subimos a bordo, el maquinista dice: “Vamos a la iglesia eléctrica”. El expreso se los llevó y vivieron feliz y alegremente por siempre jamás. Y, bueno, disculpadme, creo que oigo llegar al próximo tren».

Estatua en Seattle que recuerda a su hijo pródigo

De esta manera, Jimi Hendrix se subió a su último tren, que tenía su parada en el Club de los 27. Y la Muerte obtuvo de la baraja otra carta más para lograr su póker de Jotas que había empezado con Brian Jones.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…