El Club de los 27: Jim Morrison

Jim Morrison se marchó a París para volver a empezar. Pero París supuso el principio del fin para el Rey Lagarto.

Jim Morrison, poeta, chamán y Rey Lagarto

El cantante quería hacer borrón y cuenta nueva y dedicarse en cuerpo y alma a su poesía. También intentaba escapar de la justicia. Su desafortunada actuación en el Dinner Key Auditorium de Miami, el 1 de marzo de 1969, le costó cara. En dicho concierto, y después de llegar con retraso y borracho, Morrison se mostró violento, provocó a la policía quitándole la gorra a un agente, abrazó a un cordero vivo y soltó lindezas al público como ésta: «Sois una panda de jodidos idiotas. Sois una panda de esclavos, tío. ¿Cuánto pensáis que va a durar esto? ¿Cuánto vais a dejar que dure? ¿Cuánto tiempo más vais a dejarles que os intimiden? ¿Cuánto?… Quizá os encanta tener la cabeza metida en la mierda». Por si no fuera suficiente, empezó a quitarse la ropa, simuló masturbarse y, para rematar, enseñó su miembro a los asistentes en un abrir y cerrar de ojos. No existen fotografías sobre este momento.

El resultado de este suceso no se hizo esperar. Al cantante se le imputaron los cargos de inmoralidad, comportamiento lascivo, exhibición obscena, embriaguez y escándalo. De todos ellos, el Rey Lagarto fue declarado culpable de los cargos de exhibición obscena y escándalo público y fue sentenciado en Miami a pagar una multa de quinientos dólares, a cumplir ocho meses de trabajos forzados, y a dos años y cuatro meses de libertad vigilada. Su abogado apeló, el caso se quedó abierto y Jim nunca cumplió su sentencia.

Cansado de sí mismo y de su imagen, Morrison siguió su camino de la autodestrucción: engordó tanto que ya no cabía en sus ceñidos pantalones de cuero y dejó crecer una barba muy poblada. El chamán del rock necesitaba un cambio de aires y París, la ciudad de los románticos y los soñadores, era el lugar idóneo para comenzar desde cero y ponerse manos a la obra con su producción literaria y poética.

Así que, en marzo de 1971, Jim Morrison y Pamela Courson, su pareja y “compañera cósmica”, escaparon a la capital del amor. Aunque el Rey Lagarto se afeitó, adelgazó y vagabundeó por las calles parisinas en busca de inspiración, su estancia allí no fue tan idílica. En menos de cuatro meses, en la madrugada del 3 de julio, Pamela encontró a Jim dentro de la bañera. Parecía que estaba descansando, pero había muerto.

Morrison y Courson, una pareja cósmica

¿Qué sucedió la noche en la que murió Jim Morrison? La noche del 2 de julio, Pamela y Jim estuvieron cenando con Alain Ronay, un antiguo compañero de Morrison de la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles). Durante la velada, el líder de los Doors se mostró profundamente deprimido. Después de la cena y de despedirse de Ronay, el cantante dejó a su pareja en casa y acudió al cine para ver Perseguido (Raoul Walsh, 1947), una película, protagonizada por Robert Mitchum, que mezclaba  el western con el género negro  y que su antiguo compañero le había recomendado.

Tras la película, Jim regresó a su piso del 17 de la rue Beautreillis. No se encontraba muy bien y comenzó a toser de forma preocupante, así lo recordó Pamela Courson: «Cuando estaba en el baño me llamó y me dijo que se sentía mareado y que iba a vomitar. Cogí una palangana de color naranja y vomitó en ella. Creo que había sangre. La vacié y vomitó otra vez, pero esta vez sólo era sangre. Después volvió a vomitar. Luego me dijo que se sentía raro, aunque no era necesario que llamase al doctor, que estaba mejor. Me dijo que me fuera a la cama y que él iba a tomar un baño y luego a acostarse. En aquel momento me pareció que se encontraba bien porque tras vomitar había recuperado un poco el color. Me metí en la cama y me quedé dormida». Pamela volvió a echar una cabezada sin darle la mayor importancia al asunto, al fin y al cabo, no era la primera vez que el cantante sufría un ataque de este tipo. Sin embargo, cuando Courson volvió a despertarse, comprobó que Morrison aún no había vuelto del baño. Pamela se acercó hasta el aseo y allí encontró al cadáver de su pareja tumbado dentro de la bañera.

Oficialmente, como determinó el médico, el cantante sufrió un ataque al corazón. Aunque no se realizó una autopsia. No obstante, existen respuestas de lo más variadas para explicar su paso a mejor vida. Jim Morrison era un cliente habitual del Rock’n’Roll Circus, un antro nocturno parisino en el que el consumo de heroína estaba a la orden del día. Se sospecha que esa noche, en lugar de acudir al cine o después de ver la película, el poeta del rock visitara este garito. A pesar de que el cantante tenía pánico a las agujas, pudo esnifar la heroína. Al no detectar pinchazos en el cuerpo y como no se hizo autopsia, era difícil demostrar que la muerte de Morrison fuera consecuencia de una sobredosis de heroína. Tal vez Jim Morrison falleciera en este local o en los baños del mismo; entonces, alguien pudo transportar su cuerpo sin vida y depositarlo en la bañera de su casa. También existe la posibilidad de que sufriera la sobredosis en el Rock’n’Roll Circus y lo llevaran hasta su casa para reanimarlo en la bañera con un resultado poco esperanzador.

La muerte por sobredosis es una de las posibilidades más creíbles, ya que el resto son bastante imaginativas. Patricia Kennealy era una periodista de la revista Jazz & Pop  que entrevistó a Morrison en 1969 y con la que poco después se casaría mediante una ceremonia celta sin validez legal. Como se sentía herida, acusó a Pamela Courson de asesinar a Jim con la sobredosis de heroína. Según ella, el cantante planeaba abandonar a Pamela para irse a vivir con Patricia. Otra teoría también involucra a Patricia Kennealy, pero esta vez ella sería la asesina. Kennealy, como amante despechada, realizó un rito de vudú y brujería y acabó con la vida de Morrison a distancia.

A Patricia Kenneally no le importa la distancia

Todavía hay teorías sobrenaturales más delirantes. El cantante pudo morir poseído por el espíritu de un indio. En 1947, un Jim Morrison de cuatro años quedó traumatizado después de presenciar un accidente de tráfico en la autovía de Santa Fe en el que una camioneta quedó volcada en el asfalto. Sus ocupantes eran varios indios cuya sangre se derramó por la carretera. Los indios acababan de morir y el espíritu de uno de ellos poseyó al joven Morrison. El espíritu de este indio fue el que pudo asesinar al cantante. No se sabe si también fue ese espíritu o si fue otra persona quien liquidó al Rey Lagarto y le arrancó los ojos para así poder “liberar su alma”. O quizá Jim Morrison fue víctima de una conspiración contra el movimiento hippie orquestada por el F.B.I., la misma conspiración que acabó con las vidas de Jimi Hendrix y Janis Joplin. Y hablando de estos últimos, cuando el líder de los Doors se enteró del fallecimiento de Joplin, empezó a decir a la gente que le acompañaba en los bares: «Estás bebiendo con el número tres». ¿Suicidio tal vez?

James Douglas Morrison se unió al resto de celebridades como Oscar Wilde, Honoré de Balzac, Maria Callas, Frédéric Chopin o Édith Piaf en el cementerio de Père-Lachaise el miércoles 7 de julio de 1971. Ningún sacerdote obró una ceremonia. La despedida de Morrison fue íntima, sólo cinco asistentes lloraron la pérdida del músico y poeta: Pamela Courson, Alain Ronay, Bill Siddons, mánager de los Doors, la cineasta Agnès Varda y Robin Wertle, la secretaria de Morrison en París. La tumba donde se encontraba enterrado no se marcó hasta un tiempo después.

El mánager no dio la noticia de la muerte hasta dos días después del entierro. Éste fue el comunicado con el que Siddons explicó los motivos del retraso: «Las primeras noticias de su muerte y su entierro fueron silenciadas porque quienes le conocíamos íntimamente y lo queríamos como persona quisimos evitar la notoriedad y el ambiente circense que rodeó la muerte de similares personalidades del rock & roll como Janis Joplin o Jimi Hendrix. Puedo decir que Jim murió en paz, por causas naturales. Estaba en París, desde marzo con su mujer, Pam. Había visitado allí a un médico a causa de sus problemas respiratorios, y el sábado 3, día de su muerte, volvió a quejarse de este problema. Espero que sea recordado no sólo como un cantante de rock y poeta, sino como un dulce ser humano. Era la persona más afectuosa, más humana y más comprensiva que yo haya conocido. Esto no era siempre lo que la gente leía acerca de él, pero así era el Jim Morrison que yo conocí y que sus íntimos amigos vamos a recordar».

En la actualidad, la tumba perdió la cabeza

El Club de los 27 todavía recibiría a nuevos socios más adelante, pero con el Rey Lagarto y poeta del rock, la Muerte terminó la jugada que había comenzado. El póker de Jotas ya estaba completo: Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison. No obstante, hay quien dice que Jim Morrison no murió. Pero esa es otra historia.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

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