El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 2)

El mismo día que Kurt Cobain pagó a su amigo Dylan Carlson para que le comprase la escopeta, el cantante voló al Centro de Recuperación Exodus en Los Ángeles (California). Al final, Kurt agachó la cabeza para conseguir dejar de lado su adicción a la heroína. Allí recibió la visita de su hija Frances Bean, que ya tenía diecinueve meses, y Jackie Farry, su niñera. Courtney Love no acudió ya que el médico desaconsejó su visita en la primera fase del proceso de desintoxicación. De un día para otro, Cobain parecía haber recuperado el humor, como explicó Farry: «Estaba de un buen humor increíble. Yo no me lo explicaba. “Quizá esta vez vaya en serio”, pensé por un instante. Se le veía demasiado efusivo, poniéndome todo el rato por las nubes y mostrándose de lo más optimista. Y eso no iba con él… eso de estar parado e intentar que el mundo pareciera maravilloso. Lo suyo era estar malhumorado. Pero lo vi como un indicio positivo de un giro radical en veinticuatro horas». En menos de otras veinticuatro horas, Kurt Cobain salió “a fumar un cigarrillo” y ya de paso saltar el muro del Centro Exodus y escapar de allí para regresar a Seattle, no sin antes tener la última conversación telefónica con su querida Love, a la que le dijo: «Pase lo que pase, quiero que sepas que has hecho un álbum buenísimo». Courtney se quedó descolocada por el comentario y Kurt colgó el teléfono después de dedicarle sus últimas palabras para ella: «Recuerda solo que te quiero, pase lo que pase».

Cobain e hija de vuelta de todo

Durante los primeros días de abril, Courtney Love presentaba el disco de Hole en Los Ángeles y lo alternaba con otras actividades como enterarse de la desaparición de su marido, anular sus tarjetas de crédito, contratar al detective privado Tom Grant para que lo encontrara y poner el grito en el cielo al enterarse de la existencia de la escopeta. Mientras, Kurt Cobain iba y venía por Seattle y compraba munición para su escopeta. El 4 de abril, Wendy O’Connor, la madre de Kurt, llamó a la policía advirtiendo que su hijo tenía un arma y podía suicidarse; se sospechó que quien llamó no fue Wendy, sino Courtney Love.

Por fin, el 5 de abril, Kurt Cobain se encontraba en su casa. Mientras el álbum Automatic for the People de R.E.M. sonaba en el equipo de música, el cantante miraba fijamente una libreta. Era la típica situación de un autor enfrentándose a la hoja en blanco, pero Kurt llevaba bastante tiempo mascullando qué quería decir en su despedida. Su última carta estaba dirigida a Boddah, el nombre de su amigo imaginario durante su infancia. Éstas fueron sus últimas palabras escritas:

«Para Boddah:
 
Hablando como el estúpido con gran experiencia que preferiría ser un charlatán infantil castrado. Esta nota debería ser muy fácil de entender. Todo lo que enseñaron en los cursos de punk rock que he ido siguiendo a lo largo de los años, desde mi primer contacto con la, digamos, ética de la independencia y la vinculación con mi entorno, ha resultado cierto. Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock & roll. Me siento increíblemente culpable. Por ejemplo, cuando se apagan las luces antes del concierto y se oyen los gritos del público, a mí no me afectan tal como afectaban a Freddie Mercury, a quien parecía encantarle que el público le amase y adorase, lo cual admiro y envidio muchísimo. De hecho, no os puedo engañar a ninguno de vosotros. Simplemente no sería justo ni para vosotros ni para mí. Simular que me lo estoy pasando bien al cien por cien sería el peor crimen que me pudiese imaginar. A veces tengo la sensación de que tengo que fichar antes de subir al escenario. Lo he intentado todo para que eso no ocurriese. (Y sigo intentándolo, créeme Señor, pero no es suficiente). Soy consciente de que yo, nosotros, hemos influido y gustado a mucha gente. Debo de ser uno de aquellos narcisistas que sólo aprecian las cosas cuando ya han ocurrido. Soy demasiado sencillo. Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era un niño. En nuestras tres últimas giras he apreciado mucho más a toda la gente que he conocido personalmente que son fans nuestros, pero a pesar de ello no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico Piscis triste, sensible, insatisfecho. ¡Dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho como había sido yo. Llena de amor y alegría, confía en todo el mundo porque para ella todo el mundo es bueno y cree que no le harán daño. Eso me asusta tanto que casi me inmoviliza. No puedo soportar la idea de que Frances se convierta en una rockera siniestra, miserable y autodestructiva como en lo que me he convertido yo. Lo tengo todo, todo. Y lo aprecio, pero desde los siete años odio a la gente en general… Sólo porque parece que a la gente le resulta fácil relacionarse y ser comprensiva. ¡Comprensiva! Sólo porque amo y me compadezco demasiado de la gente.
 
Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo por vuestras cartas y vuestro interés durante los últimos años. Soy una criatura voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión, y recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente.
Paz, amor y comprensión.
 
Kurt Cobain
 
Frances y Courtney, estaré en vuestro altar.
 
Por favor, Courtney, sigue adelante por Frances, por su vida, que será mucho más feliz sin mí.
 
Os quiero. ¡Os quiero!”»

 

El último adiós de Kurt

El líder de Nirvana recordó la frase de Neil Young en «Hey, Hey, My, My» (1979) al escribir que «es mejor quemarse que apagarse lentamente». Cuando terminó de redactarla, sacó de un escondite que tenía su armario la preciada escopeta. Con la escopeta y la carta, se dirigió hasta el invernadero. Un último cigarrillo, una última cerveza y un último chute. Kurt Cobain clavó con el bolígrafo su carta de despedida en una maceta. Cargó la escopeta con tres cartuchos. Colocó el arma en su paladar. Y se calló la voz de la Generación X.

Kurt no fue el primero de los Cobain en suicidarse. En la sangre de los Cobain existía un “gen de suicidio”: su familia ya tenía antecedentes. Su tío Burle se disparó también con una escopeta en la cabeza y en el abdomen y su bisabuelo James Irving se clavó un cuchillo en el abdomen y se desgarró la herida. El comunicado de la oficina del forense rezaba lo siguiente: «La autopsia ha revelado que Cobain murió de una herida de escopeta en la cabeza; de momento todo indica que se trata de una lesión autoinfligida». El cantante estaba destinado a morir y alcanzaría el nirvana, la liberación de su sufrimiento, ese día. El doctor que realizó la autopsia, el doctor Nikolas Hartshorne, encontró tanta heroína en la sangre de Kurt Cobain que si la escopeta no hubiera funcionado, la heroína habría hecho el resto. Se estimó que la muerte tuvo lugar el 5 de abril, tres días antes que el electricista encontrara el cadáver, pero esto podía haber sucedido un día antes o un día después.

El certificado de defunción de Kurt Cobain

Cuando Courtney Love se enteró de la desagradable noticia, voló inmediatamente desde Los Ángeles hasta Seattle. Como la cantante encontró su casa rodeada de periodistas, contrató a un grupo de guardias de seguridad privados para que cubrieran el invernadero con una lona. Pero ya era tarde. Tom Reese, del Seattle Times, logró inmortalizar la muerte de Kurt Cobain con una instantánea tomada desde la ventana del invernadero. Mientras, Love se puso de duelo a su manera vistiendo capas de ropa de Cobain para mantener su olor.

La noticia de portada de Seattle Times y la polémica foto

El sábado 9 de abril, Courtney vio por última vez el cuerpo de su marido antes de que procedieran a incinerarlo. Para conservar un recuerdo de su amor, Courtney Love cortó dos mechones de pelo de Kurt: uno de la cabeza y uno del vello público. Krist Novoselic también acudió para ver por última vez a su compañero y amigo; Dave Grohl, no.

El domingo siguiente, se celebró la última despedida al Rey del Grunge en el Flag Pavilion del Seattle Center. El reverendo Stephen Towles reflexionó sobre el suicidio: «El suicidio no es distinto a tener un dedo atrapado en una presa, el dolor es tan grande que al final no lo puedes soportar más». Krist Novoselic también tuvo unas palabras para su amigo: «Recordamos a Kurt por lo que ha sido: una persona afectuosa, generosa y amable. De él siempre nos quedará su música. Kurt tenía una ética hacia sus fans arraigada en el pensamiento propio del punk rock: ningún grupo es especial, ningún músico es el rey. Si tienes unan guitarra y mucha alma, mete ruido y tómatelo en serio, porque tú eres la superestrella. Toca los tonos y los ritmos que son universales para toda la humanidad. La música. Vamos, utiliza la guitarra de tambor. Descubre un ritmo y déjalo fluir de tu corazón. A ese nivel nos hablaba Kurt: al nivel de nuestro corazón. Y ahí es donde residirá siempre la música, por siempre jamás». El momento más emotivo de la ceremonia fue la emisión del mensaje que Courtney había grabado la noche anterior: «No sé qué decir. Me siento igual que todos vosotros. Si no pensarais en eso al veros sentados en su habitación, donde tocaba la guitarra y cantaba, y no os sintierais honrados de tenerlo cerca, es que estáis locos. Sea como sea, dejó una nota. Parece más bien una puta carta al director. No sé qué pasó. Que esto ocurriría tarde o temprano estaba claro, pero podría haber sido cuando tuviera cuarenta años. Siempre decía que iba a sobrevivir a todo el mundo y a llegar a los ciento veinte. No os voy a leer toda la nota, porque no toda es de vuestra puta incumbencia. Pero hay una parte que va dirigida a vosotros. No creo que leerla reste dignidad a su persona, teniendo en cuenta que va destinada a la mayoría de vosotros. Hay que ser gilipollas. Quiero que todos vosotros gritéis “gilipollas” bien alto». Después de que los asistentes gritaran «gilipollas», Courtney procedió a la lectura de la nota aportando sus propios comentarios como «¿Por qué coño no te quedaste?» o «¡Cállate, cabrón! ¿Y por qué no disfrutaste sin más?». Cuando terminó, volvió a instar al público a que le insultasen llamándole «capullo». Después de la ceremonia, se escucharon las canciones preferidas de Kurt, entre ellas «In My Life» de los Beatles. En el sepelio se reencontraron los padres de Cobain, pero incapaces de dejar rencillas del pasado, no se dirigieron la palabra.

Tras el suicidio de Kurt, varios imitadores siguieron sus pasos y quisieron acompañarle en su viaje poniendo fin a sus vidas con un arma.

Y así fue cómo Kurt Cobain, el niño que nunca superó la traumática separación de sus padres a los dieciocho años, el joven que sufría un dolor estomacal incurable, el padre de familia heroinómano, la atormentada estrella de rock que no quería serlo, el mártir del grunge y la voz de una generación desencantada, ingresó en el Club de los 27. Una semana después de la ceremonia, Courtney Love recibió las cenizas de su amado Kurt y enterró un puñado bajo un sauce situado frente a la casa. Otro puñado acabó  en una escultura llamada  tsatsa y construida por los monjes en el monasterio budista de Namgyal en Ithaca, Nueva York. La mayoría de las cenizas descansaron dentro de una urna en el número 171 del bulevar de Lake Washington hasta que, en 1997, Courtney se trasladó a Beverly Hills y se llevó consigo a Frances y a la urna con las cenizas. En 1999, a sus seis años, Frances Bean Cobain esparció las cenizas de su padre en el riachuelo McLane, en la ciudad de Olympia (Washington). Así se fue el olor del espíritu de los noventa.

Cansado de vivir, Kurt pudo descansar en paz

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

3 comentarios to “El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 2)”

  1. nirvana Says:

    muy buen artivulo, excelente redaccion, una lastima lo de cobain

  2. Buenísimo el artículo y el blog en general. Te felicito. Salut i viva el Rock.

  3. Sol Says:

    Gracias por el artículo, pero esta no es la “cara oculta del Rock”.

    Deberían escribir sobre lo que no sale en la televisión, como los documentales e investigaciones independientes acerca del supuesto homicidio que habría sufrido este músico.

    En mi opinión, esta es simplemente la versión oficial de los hechos, los mismos que todos ya conocemos. Saludos.

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