El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 1)

Gary Smith era un electricista que el viernes 8 de abril de 1994 había madrugado para ir a trabajar. Esa mañana tenía que instalar un sistema de seguridad en el número 171 del bulevar Lake Washington en el distrito de Madrona, en Seattle, pero se llevó un susto de muerte al mirar a través del cristal de la puerta del invernadero. En el interior, sobre el suelo, descansaba un maniquí. Eso pensó Smith en un primer momento, hasta que fue consciente que ese maniquí era, en realidad, el cuerpo inerte de Kurt Cobain.

Un día en la vida de Kurt

«Podía ver el pelo largo tirado en el suelo. Al principio pensaba que sería un maniquí, y entonces me di cuenta de que parecía que había sangre en la oreja derecha. Luego vi la escopeta descansando en su pecho, apuntando a la barbilla», declaró el sorprendido electricista. Una hora más tarde, la policía encontró el cuerpo de Cobain con la cara tan destrozada que sólo fue posible identificarlo a través de sus huellas dactilares. Su cuerpo estaba rodeado de un juego de ordenador, un peluche y varias cintas de casete, entre ellas, la del último álbum de Nirvana, In Utero (1993).

Un amigo transportista de Gary Smith dio el chivatazo de la muerte del Rey de Grunge a la emisora de radio KXRX y la noticia se expandió como la espuma. Kim Cobain, hermana de Kurt telefoneó a la emisora preguntando por qué estaban difundiendo una mentira como esa y los locutores le sugirieron que llamara a la policía para confirmarlo. Después, un periodista del diario Aberdeen Dialy World se presentó en casa de Wendy O’Connor para que hablara sobre la muerte de su hijo: «Se ha ido para unirse con ese estúpido club». Con estas palabras, la madre de Cobain hacía referencia Jimi, Janis, Jim y el resto de músicos pertenecientes al Club de los 27.

El último adiós del líder de Nirvana es una crónica de una muerte aún más anunciada que el fallecimiento de cualquiera de los otros músicos muertos a los 27 años. I Hate Myself and Want to Die (Me odio y quiero morir) era el título que Cobain había sugerido para In Utero. El título podía parecer una broma, pero resultó ser una declaración de intenciones. Desde hacía tiempo, Kurt ya no tenía ganas de vivir. El resultado del incidente con el rifle en abril podía haber sucedido perfectamente un mes antes.

Los John y Yoko, o los Sid y Nancy, del grunge

El 3 de marzo de 1994, Kurt Cobain se encontraba en la habitación número 541 del hotel Excelsior, un hotel de cinco estrellas en Roma. El músico esperaba la llegada de su mujer, Courtney Love, y su hija, Frances Bean. Love se encontraba en Londres promocionando el segundo álbum de Hole, Live Through This (1994) y habían pasado veintiséis días desde que Kurt y Courtney se vieran por última vez. Cuando por fin llegó su familia, Cobain quiso hacer el amor para celebrar el reencuentro con su mujer, pero como estaba cansada, ésta se negó. A la mañana siguiente, Courtney Love encontró a su marido tirado en el suelo, pálido y sangrando por la nariz: «Me acerqué a él y le salía sangre de la nariz. Parecía John Bonham…. Realmente pensé que estaba muerto». Entonces, Love se arrepintió no haber satisfecho los deseos sexuales de su marido: «Aunque no me apeteciera, tendría que haberlo hecho por él. Lo único que necesitaba Kurt era un polvo». Cobain había ingerido unas sesenta pastillas de Roipnol regadas con champán y sufrió una sobredosis capaz de tumbar a cualquiera. Pero como la vida es irónica, esa sobredosis no consiguió acabar con la vida de Kurt Cobain, aunque el cantante lo estuviera deseando. Oficialmente, el incidente en Roma se consideró como un “accidente”; sin embargo, no fue así. Cuando Courtney encontró tirado a Kurt, el músico sujetaba en su puño izquierdo tres páginas. Esta nota de suicidio mencionaba al doctor Baker, su médico, que le recomendó abandonar su adicción o morir: «El doctor Baker dice que, como Hamlet, debo elegir entre la vida y la muerte. He elegido la muerte». En dicha nota, Cobain mostraba su cansancio por las giras, sentía pánico al pensar que Love ya no le quería y la acusaba de haberse acostado con Billy Corgan, de The Smashing Pumpkins, de quien siempre estuvo celoso. Por este motivo, y como no podía ser de otra manera, hacía una referencia a la fatídica separación de sus padres: «Prefiero morir antes que pasar por otro divorcio». Los continuos rumores de la muerte de Kurt Cobain volvieron a extenderse, pero Cobain se despertó del coma, pidió un batido de fresa y sobrevivió. Al menos, todo lo que Cobain podía sobrevivir.

El siguiente episodio tuvo lugar el 18 de marzo. El matrimonio Cobain volvió a tener un altercado doméstico. Kurt se había encerrado en una habitación y amenazaba con suicidarse pegándose un tiro con una pistola. La policía irrumpió en el escenario de la disputa y confiscó tres pistolas y un rifle. En el informe policial figuró que el músico no tenía intención de suicidarse sino que lo que quería era alejarse de su mujer. Así recordó Love este suceso: «La razón por la que perdí los nervios el 18 de marzo fue porque hacía seis días que habíamos vuelto de Roma y no podía soportarlo más. Cuando volvió a casa desde Roma colocado, me puse histérica. Si pudiera borrar algo de mi vida sería eso: haberme puesto histérica porque llegase a casa colocado. Ojalá no me hubiera puesto así. Ojalá hubiese reaccionado como siempre, con tolerancia. Le hizo sentirse muy despreciable que me enfadase con él».

Una semana después, Courtney y varios amigos y compañeros de Kurt le animaron a que acudiera a una clínica de desintoxicación para abandonar la heroína. Cobain arremetió contra todos los presentes y no pasó por el aro, pero quien sí decidió visitar una clínica para solucionar su problema de adicción fue Love.

Por su parte, el Rey del Grunge pidió un favor a su amigo Dylan Carlson. Como el joven que le pide a un adulto que le compre una bebida alcohólica, Cobain entregó trescientos dólares a Carlson para que fuera tan amable de comprarle una escopeta, una Remington M-11, del calibre 20. El músico le aseguró a su amigo que quería el arma «para protegerse» de los intrusos y el complaciente Dylan Carlson nunca sospechó cuál era la auténtica intención de Kurt Cobain: «Si Kurt tenía intenciones suicidas, me las ocultó». Sin embargo, hasta al propio vendedor de la tienda de armas Stan’s Gun Shop en Lay City Way, Stan Baker, le pareció sospechoso: «¿Qué demonios van a hacer estos chicos con esta escopeta? No es temporada de caza».

El desenlace ya lo conocemos todos. Comienza cuando la mañana del viernes 8 de abril de 1994, el electricista Gary Smith madruga para ir a trabajar.

Kurt Cobain jugando con fuego

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

4 comentarios to “El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 1)”

  1. Alex Says:

    Muy interesante. Desconocía la historia de la sobredosis de Roma, un dato interesante.

  2. sebastian Kurtes Says:

    Tal vez la vida de un hombre es importante para unos tantos, pero para ese hombre es insignificante su vida misma, 08-04-94 S.C

  3. Airam Lebasi Says:

    Malditas relaciones influyentes en la vida. Un genio de la música. Leyenda.
    Existirás en algún remoto lugar?

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