¿Qué tienen en común? The Monkees y el corrector líquido

Publicado en En común, The Monkees con etiquetas , , , el 17/04/2012 por Héctor Sánchez

¿Qué tienen en común los Monkees…

Un grupo prefabricado.

…con el corrector líquido?

Un producto fabricado para corregir errores.

Una mecanógrafa llamada Bette Nesmith Graham inventó el corrector líquido en 1951 para enmendar sus errores. Su otra criatura famosa, Mike Nesmith, nació en 1942; pero no se daría a conocer hasta 1966, después de superar una audición y convertirse en el guitarrista de los Monkees. No sabemos cuál de sus dos hijos le dio más alegrías a Bette Nesmith Graham.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

Parecidos razonables: Tom Petty and the Heartbreakers – The Strokes

Publicado en Parecidos razonables, The Strokes, Tom Petty con etiquetas , , el 05/03/2012 por Héctor Sánchez

Tom Petty and the Heartbreakers – American Girl (1977)

The Strokes – Last Nite (2001)

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El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 2)

Publicado en Club de los 27, Kurt Cobain, Nirvana con etiquetas , , el 01/03/2012 por Héctor Sánchez

El mismo día que Kurt Cobain pagó a su amigo Dylan Carlson para que le comprase la escopeta, el cantante voló al Centro de Recuperación Exodus en Los Ángeles (California). Al final, Kurt agachó la cabeza para conseguir dejar de lado su adicción a la heroína. Allí recibió la visita de su hija Frances Bean, que ya tenía diecinueve meses, y Jackie Farry, su niñera. Courtney Love no acudió ya que el médico desaconsejó su visita en la primera fase del proceso de desintoxicación. De un día para otro, Cobain parecía haber recuperado el humor, como explicó Farry: «Estaba de un buen humor increíble. Yo no me lo explicaba. “Quizá esta vez vaya en serio”, pensé por un instante. Se le veía demasiado efusivo, poniéndome todo el rato por las nubes y mostrándose de lo más optimista. Y eso no iba con él… eso de estar parado e intentar que el mundo pareciera maravilloso. Lo suyo era estar malhumorado. Pero lo vi como un indicio positivo de un giro radical en veinticuatro horas». En menos de otras veinticuatro horas, Kurt Cobain salió “a fumar un cigarrillo” y ya de paso saltar el muro del Centro Exodus y escapar de allí para regresar a Seattle, no sin antes tener la última conversación telefónica con su querida Love, a la que le dijo: «Pase lo que pase, quiero que sepas que has hecho un álbum buenísimo». Courtney se quedó descolocada por el comentario y Kurt colgó el teléfono después de dedicarle sus últimas palabras para ella: «Recuerda solo que te quiero, pase lo que pase».

Cobain e hija de vuelta de todo

Durante los primeros días de abril, Courtney Love presentaba el disco de Hole en Los Ángeles y lo alternaba con otras actividades como enterarse de la desaparición de su marido, anular sus tarjetas de crédito, contratar al detective privado Tom Grant para que lo encontrara y poner el grito en el cielo al enterarse de la existencia de la escopeta. Mientras, Kurt Cobain iba y venía por Seattle y compraba munición para su escopeta. El 4 de abril, Wendy O’Connor, la madre de Kurt, llamó a la policía advirtiendo que su hijo tenía un arma y podía suicidarse; se sospechó que quien llamó no fue Wendy, sino Courtney Love.

Por fin, el 5 de abril, Kurt Cobain se encontraba en su casa. Mientras el álbum Automatic for the People de R.E.M. sonaba en el equipo de música, el cantante miraba fijamente una libreta. Era la típica situación de un autor enfrentándose a la hoja en blanco, pero Kurt llevaba bastante tiempo mascullando qué quería decir en su despedida. Su última carta estaba dirigida a Boddah, el nombre de su amigo imaginario durante su infancia. Éstas fueron sus últimas palabras escritas:

«Para Boddah:
 
Hablando como el estúpido con gran experiencia que preferiría ser un charlatán infantil castrado. Esta nota debería ser muy fácil de entender. Todo lo que enseñaron en los cursos de punk rock que he ido siguiendo a lo largo de los años, desde mi primer contacto con la, digamos, ética de la independencia y la vinculación con mi entorno, ha resultado cierto. Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock & roll. Me siento increíblemente culpable. Por ejemplo, cuando se apagan las luces antes del concierto y se oyen los gritos del público, a mí no me afectan tal como afectaban a Freddie Mercury, a quien parecía encantarle que el público le amase y adorase, lo cual admiro y envidio muchísimo. De hecho, no os puedo engañar a ninguno de vosotros. Simplemente no sería justo ni para vosotros ni para mí. Simular que me lo estoy pasando bien al cien por cien sería el peor crimen que me pudiese imaginar. A veces tengo la sensación de que tengo que fichar antes de subir al escenario. Lo he intentado todo para que eso no ocurriese. (Y sigo intentándolo, créeme Señor, pero no es suficiente). Soy consciente de que yo, nosotros, hemos influido y gustado a mucha gente. Debo de ser uno de aquellos narcisistas que sólo aprecian las cosas cuando ya han ocurrido. Soy demasiado sencillo. Necesito estar un poco anestesiado para recuperar el entusiasmo que tenía cuando era un niño. En nuestras tres últimas giras he apreciado mucho más a toda la gente que he conocido personalmente que son fans nuestros, pero a pesar de ello no puedo superar la frustración, la culpa y la hipersensibilidad hacia la gente. Sólo hay bien en mí y pienso que simplemente amo demasiado a la gente. Tanto, que eso me hace sentir jodidamente triste. El típico Piscis triste, sensible, insatisfecho. ¡Dios mío! ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho como había sido yo. Llena de amor y alegría, confía en todo el mundo porque para ella todo el mundo es bueno y cree que no le harán daño. Eso me asusta tanto que casi me inmoviliza. No puedo soportar la idea de que Frances se convierta en una rockera siniestra, miserable y autodestructiva como en lo que me he convertido yo. Lo tengo todo, todo. Y lo aprecio, pero desde los siete años odio a la gente en general… Sólo porque parece que a la gente le resulta fácil relacionarse y ser comprensiva. ¡Comprensiva! Sólo porque amo y me compadezco demasiado de la gente.
 
Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo por vuestras cartas y vuestro interés durante los últimos años. Soy una criatura voluble y lunática. Se me ha acabado la pasión, y recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente.
Paz, amor y comprensión.
 
Kurt Cobain
 
Frances y Courtney, estaré en vuestro altar.
 
Por favor, Courtney, sigue adelante por Frances, por su vida, que será mucho más feliz sin mí.
 
Os quiero. ¡Os quiero!”»

 

El último adiós de Kurt

El líder de Nirvana recordó la frase de Neil Young en «Hey, Hey, My, My» (1979) al escribir que «es mejor quemarse que apagarse lentamente». Cuando terminó de redactarla, sacó de un escondite que tenía su armario la preciada escopeta. Con la escopeta y la carta, se dirigió hasta el invernadero. Un último cigarrillo, una última cerveza y un último chute. Kurt Cobain clavó con el bolígrafo su carta de despedida en una maceta. Cargó la escopeta con tres cartuchos. Colocó el arma en su paladar. Y se calló la voz de la Generación X.

Kurt no fue el primero de los Cobain en suicidarse. En la sangre de los Cobain existía un “gen de suicidio”: su familia ya tenía antecedentes. Su tío Burle se disparó también con una escopeta en la cabeza y en el abdomen y su bisabuelo James Irving se clavó un cuchillo en el abdomen y se desgarró la herida. El comunicado de la oficina del forense rezaba lo siguiente: «La autopsia ha revelado que Cobain murió de una herida de escopeta en la cabeza; de momento todo indica que se trata de una lesión autoinfligida». El cantante estaba destinado a morir y alcanzaría el nirvana, la liberación de su sufrimiento, ese día. El doctor que realizó la autopsia, el doctor Nikolas Hartshorne, encontró tanta heroína en la sangre de Kurt Cobain que si la escopeta no hubiera funcionado, la heroína habría hecho el resto. Se estimó que la muerte tuvo lugar el 5 de abril, tres días antes que el electricista encontrara el cadáver, pero esto podía haber sucedido un día antes o un día después.

El certificado de defunción de Kurt Cobain

Cuando Courtney Love se enteró de la desagradable noticia, voló inmediatamente desde Los Ángeles hasta Seattle. Como la cantante encontró su casa rodeada de periodistas, contrató a un grupo de guardias de seguridad privados para que cubrieran el invernadero con una lona. Pero ya era tarde. Tom Reese, del Seattle Times, logró inmortalizar la muerte de Kurt Cobain con una instantánea tomada desde la ventana del invernadero. Mientras, Love se puso de duelo a su manera vistiendo capas de ropa de Cobain para mantener su olor.

La noticia de portada de Seattle Times y la polémica foto

El sábado 9 de abril, Courtney vio por última vez el cuerpo de su marido antes de que procedieran a incinerarlo. Para conservar un recuerdo de su amor, Courtney Love cortó dos mechones de pelo de Kurt: uno de la cabeza y uno del vello público. Krist Novoselic también acudió para ver por última vez a su compañero y amigo; Dave Grohl, no.

El domingo siguiente, se celebró la última despedida al Rey del Grunge en el Flag Pavilion del Seattle Center. El reverendo Stephen Towles reflexionó sobre el suicidio: «El suicidio no es distinto a tener un dedo atrapado en una presa, el dolor es tan grande que al final no lo puedes soportar más». Krist Novoselic también tuvo unas palabras para su amigo: «Recordamos a Kurt por lo que ha sido: una persona afectuosa, generosa y amable. De él siempre nos quedará su música. Kurt tenía una ética hacia sus fans arraigada en el pensamiento propio del punk rock: ningún grupo es especial, ningún músico es el rey. Si tienes unan guitarra y mucha alma, mete ruido y tómatelo en serio, porque tú eres la superestrella. Toca los tonos y los ritmos que son universales para toda la humanidad. La música. Vamos, utiliza la guitarra de tambor. Descubre un ritmo y déjalo fluir de tu corazón. A ese nivel nos hablaba Kurt: al nivel de nuestro corazón. Y ahí es donde residirá siempre la música, por siempre jamás». El momento más emotivo de la ceremonia fue la emisión del mensaje que Courtney había grabado la noche anterior: «No sé qué decir. Me siento igual que todos vosotros. Si no pensarais en eso al veros sentados en su habitación, donde tocaba la guitarra y cantaba, y no os sintierais honrados de tenerlo cerca, es que estáis locos. Sea como sea, dejó una nota. Parece más bien una puta carta al director. No sé qué pasó. Que esto ocurriría tarde o temprano estaba claro, pero podría haber sido cuando tuviera cuarenta años. Siempre decía que iba a sobrevivir a todo el mundo y a llegar a los ciento veinte. No os voy a leer toda la nota, porque no toda es de vuestra puta incumbencia. Pero hay una parte que va dirigida a vosotros. No creo que leerla reste dignidad a su persona, teniendo en cuenta que va destinada a la mayoría de vosotros. Hay que ser gilipollas. Quiero que todos vosotros gritéis “gilipollas” bien alto». Después de que los asistentes gritaran «gilipollas», Courtney procedió a la lectura de la nota aportando sus propios comentarios como «¿Por qué coño no te quedaste?» o «¡Cállate, cabrón! ¿Y por qué no disfrutaste sin más?». Cuando terminó, volvió a instar al público a que le insultasen llamándole «capullo». Después de la ceremonia, se escucharon las canciones preferidas de Kurt, entre ellas «In My Life» de los Beatles. En el sepelio se reencontraron los padres de Cobain, pero incapaces de dejar rencillas del pasado, no se dirigieron la palabra.

Tras el suicidio de Kurt, varios imitadores siguieron sus pasos y quisieron acompañarle en su viaje poniendo fin a sus vidas con un arma.

Y así fue cómo Kurt Cobain, el niño que nunca superó la traumática separación de sus padres a los dieciocho años, el joven que sufría un dolor estomacal incurable, el padre de familia heroinómano, la atormentada estrella de rock que no quería serlo, el mártir del grunge y la voz de una generación desencantada, ingresó en el Club de los 27. Una semana después de la ceremonia, Courtney Love recibió las cenizas de su amado Kurt y enterró un puñado bajo un sauce situado frente a la casa. Otro puñado acabó  en una escultura llamada  tsatsa y construida por los monjes en el monasterio budista de Namgyal en Ithaca, Nueva York. La mayoría de las cenizas descansaron dentro de una urna en el número 171 del bulevar de Lake Washington hasta que, en 1997, Courtney se trasladó a Beverly Hills y se llevó consigo a Frances y a la urna con las cenizas. En 1999, a sus seis años, Frances Bean Cobain esparció las cenizas de su padre en el riachuelo McLane, en la ciudad de Olympia (Washington). Así se fue el olor del espíritu de los noventa.

Cansado de vivir, Kurt pudo descansar en paz

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¿Sabías que…? El primer vídeo de MTV

Publicado en MTV, Sabías qué, The Buggles con etiquetas , , el 27/02/2012 por Héctor Sánchez

The Buggles tuvieron el honor de inaugurar un nuevo canal que vio la luz el 1 de agosto de 1981. La cadena MTV comenzó su emisión con una irónica elección: «Video Killed The Radio Star».

Lástima que al final el reality acabara matando al vídeo musical.

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El Club de los 27: Kurt Cobain (Parte 1)

Publicado en Club de los 27, Kurt Cobain, Nirvana con etiquetas , , el 21/02/2012 por Héctor Sánchez

Gary Smith era un electricista que el viernes 8 de abril de 1994 había madrugado para ir a trabajar. Esa mañana tenía que instalar un sistema de seguridad en el número 171 del bulevar Lake Washington en el distrito de Madrona, en Seattle, pero se llevó un susto de muerte al mirar a través del cristal de la puerta del invernadero. En el interior, sobre el suelo, descansaba un maniquí. Eso pensó Smith en un primer momento, hasta que fue consciente que ese maniquí era, en realidad, el cuerpo inerte de Kurt Cobain.

Un día en la vida de Kurt

«Podía ver el pelo largo tirado en el suelo. Al principio pensaba que sería un maniquí, y entonces me di cuenta de que parecía que había sangre en la oreja derecha. Luego vi la escopeta descansando en su pecho, apuntando a la barbilla», declaró el sorprendido electricista. Una hora más tarde, la policía encontró el cuerpo de Cobain con la cara tan destrozada que sólo fue posible identificarlo a través de sus huellas dactilares. Su cuerpo estaba rodeado de un juego de ordenador, un peluche y varias cintas de casete, entre ellas, la del último álbum de Nirvana, In Utero (1993).

Un amigo transportista de Gary Smith dio el chivatazo de la muerte del Rey de Grunge a la emisora de radio KXRX y la noticia se expandió como la espuma. Kim Cobain, hermana de Kurt telefoneó a la emisora preguntando por qué estaban difundiendo una mentira como esa y los locutores le sugirieron que llamara a la policía para confirmarlo. Después, un periodista del diario Aberdeen Dialy World se presentó en casa de Wendy O’Connor para que hablara sobre la muerte de su hijo: «Se ha ido para unirse con ese estúpido club». Con estas palabras, la madre de Cobain hacía referencia Jimi, Janis, Jim y el resto de músicos pertenecientes al Club de los 27.

El último adiós del líder de Nirvana es una crónica de una muerte aún más anunciada que el fallecimiento de cualquiera de los otros músicos muertos a los 27 años. I Hate Myself and Want to Die (Me odio y quiero morir) era el título que Cobain había sugerido para In Utero. El título podía parecer una broma, pero resultó ser una declaración de intenciones. Desde hacía tiempo, Kurt ya no tenía ganas de vivir. El resultado del incidente con el rifle en abril podía haber sucedido perfectamente un mes antes.

Los John y Yoko, o los Sid y Nancy, del grunge

El 3 de marzo de 1994, Kurt Cobain se encontraba en la habitación número 541 del hotel Excelsior, un hotel de cinco estrellas en Roma. El músico esperaba la llegada de su mujer, Courtney Love, y su hija, Frances Bean. Love se encontraba en Londres promocionando el segundo álbum de Hole, Live Through This (1994) y habían pasado veintiséis días desde que Kurt y Courtney se vieran por última vez. Cuando por fin llegó su familia, Cobain quiso hacer el amor para celebrar el reencuentro con su mujer, pero como estaba cansada, ésta se negó. A la mañana siguiente, Courtney Love encontró a su marido tirado en el suelo, pálido y sangrando por la nariz: «Me acerqué a él y le salía sangre de la nariz. Parecía John Bonham…. Realmente pensé que estaba muerto». Entonces, Love se arrepintió no haber satisfecho los deseos sexuales de su marido: «Aunque no me apeteciera, tendría que haberlo hecho por él. Lo único que necesitaba Kurt era un polvo». Cobain había ingerido unas sesenta pastillas de Roipnol regadas con champán y sufrió una sobredosis capaz de tumbar a cualquiera. Pero como la vida es irónica, esa sobredosis no consiguió acabar con la vida de Kurt Cobain, aunque el cantante lo estuviera deseando. Oficialmente, el incidente en Roma se consideró como un “accidente”; sin embargo, no fue así. Cuando Courtney encontró tirado a Kurt, el músico sujetaba en su puño izquierdo tres páginas. Esta nota de suicidio mencionaba al doctor Baker, su médico, que le recomendó abandonar su adicción o morir: «El doctor Baker dice que, como Hamlet, debo elegir entre la vida y la muerte. He elegido la muerte». En dicha nota, Cobain mostraba su cansancio por las giras, sentía pánico al pensar que Love ya no le quería y la acusaba de haberse acostado con Billy Corgan, de The Smashing Pumpkins, de quien siempre estuvo celoso. Por este motivo, y como no podía ser de otra manera, hacía una referencia a la fatídica separación de sus padres: «Prefiero morir antes que pasar por otro divorcio». Los continuos rumores de la muerte de Kurt Cobain volvieron a extenderse, pero Cobain se despertó del coma, pidió un batido de fresa y sobrevivió. Al menos, todo lo que Cobain podía sobrevivir.

El siguiente episodio tuvo lugar el 18 de marzo. El matrimonio Cobain volvió a tener un altercado doméstico. Kurt se había encerrado en una habitación y amenazaba con suicidarse pegándose un tiro con una pistola. La policía irrumpió en el escenario de la disputa y confiscó tres pistolas y un rifle. En el informe policial figuró que el músico no tenía intención de suicidarse sino que lo que quería era alejarse de su mujer. Así recordó Love este suceso: «La razón por la que perdí los nervios el 18 de marzo fue porque hacía seis días que habíamos vuelto de Roma y no podía soportarlo más. Cuando volvió a casa desde Roma colocado, me puse histérica. Si pudiera borrar algo de mi vida sería eso: haberme puesto histérica porque llegase a casa colocado. Ojalá no me hubiera puesto así. Ojalá hubiese reaccionado como siempre, con tolerancia. Le hizo sentirse muy despreciable que me enfadase con él».

Una semana después, Courtney y varios amigos y compañeros de Kurt le animaron a que acudiera a una clínica de desintoxicación para abandonar la heroína. Cobain arremetió contra todos los presentes y no pasó por el aro, pero quien sí decidió visitar una clínica para solucionar su problema de adicción fue Love.

Por su parte, el Rey del Grunge pidió un favor a su amigo Dylan Carlson. Como el joven que le pide a un adulto que le compre una bebida alcohólica, Cobain entregó trescientos dólares a Carlson para que fuera tan amable de comprarle una escopeta, una Remington M-11, del calibre 20. El músico le aseguró a su amigo que quería el arma «para protegerse» de los intrusos y el complaciente Dylan Carlson nunca sospechó cuál era la auténtica intención de Kurt Cobain: «Si Kurt tenía intenciones suicidas, me las ocultó». Sin embargo, hasta al propio vendedor de la tienda de armas Stan’s Gun Shop en Lay City Way, Stan Baker, le pareció sospechoso: «¿Qué demonios van a hacer estos chicos con esta escopeta? No es temporada de caza».

El desenlace ya lo conocemos todos. Comienza cuando la mañana del viernes 8 de abril de 1994, el electricista Gary Smith madruga para ir a trabajar.

Kurt Cobain jugando con fuego

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Versión fatal: Elvis Presley – El Príncipe Gitano

Publicado en El Príncipe Gitano, Elvis Presley, Versión fatal con etiquetas , , , el 13/02/2012 por Héctor Sánchez

Inauguramos una nueva sección con un clásico. Las versiones más divertidas y/o vergonzosas en “Versión fatal”.

Elvis Presley – In the Ghetto

El Príncipe Gitano – In the Ghetto

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Jim Morrison, larga vida el Rey Lagarto

Publicado en Jim Morrison, Leyendas Urbanas, The Doors con etiquetas , , el 02/02/2012 por Héctor Sánchez

En el cementerio de Père-Lachaise en París descansan personajes ilustres como Honoré de Balzac, Maria Callas, Frédéric Chopin, Édith Piaf, Oscar Wilde o Jim Morrison. Lo que diferencia a este último de los demás es que su tumba quizá está vacía, ya que el líder de los Doors fingió su propia muerte para dejar atrás su vida anterior llena de excesos.

¿Dónde se encuentra el Chamán del Rock en estos momentos?

El fallecimiento de Jim Morrison planteó dos eternas cuestiones. La primera está relacionada con la causa: ¿cómo murió Morrison?  Son muchas las explicaciones de la muerte del Rey Lagarto, como detallé en la entrada anterior sobre el cantante; pero la segunda pregunta anula directamente la primera: ¿de verdad está muerto Jim Morrison?

Los defensores de esta teoría encuentran pistas por todas partes. ¿Por qué no se le realizó ninguna autopsia después de morir? Pamela Courson tenía la respuesta: «Porque no quisimos. Queríamos dejar en paz a Jim. Murió pacífica y dignamente». Sólo Pamela y un médico cuyo nombre no se recuerda vieron el cuerpo inerte del cantante. Cuando Bill Siddons, el mánager de los Doors, viajó hasta París el 6 de julio, encontró el ataúd ya precintado y un ilegible certificado de defunción con la firma del médico fantasma. La Embajada Americana de París no recibió el certificado de defunción hasta el día 7 de julio y la noticia no se hizo oficial hasta el día 9. El hecho de que sólo cinco personas asistieran al entierro de James Douglas Morrison y de que ningún sacerdote obrara una ceremonia alimentan las sospechas. Sin entrar en el asunto de que no se pusiera su nombre en la tumba mucho después.

Sin embargo, varios testigos aseguraron ver a Jim Morrison subir a un avión la misma noche que murió.  Infinitos Jim Morrison comenzaron a germinar por todo el mundo. El 13 de octubre de 1973, según los empleados del Banco de América, Morrison se presentó en la oficina para realizar unas transacciones y estuvieron charlando con él. En 1974, Capitol editó un álbum llamado Phantom’s Divine Comedy bajo anonimato en el que la voz del cantante recordaba a la del vocalista de los Doors (aunque en 1992 se desveló el pastel y el cantante resultó ser Iggy Pop). En 1975 se publicó The band of America of Louisana, un libro que se le atribuyó a la firma del chamán del rock. Para rematar, el 22 de octubre de ese mismo año, una emisora de radio, la WRNO de Nueva Orleans, consiguió una entrevista en exclusiva con el Rey Lagarto en la que explicaría los pormenores de su falsa muerte. La entrevista se emitió el 3 de noviembre pero las interferencias no ayudaron a aclarar si ésa era la auténtica voz de Morrison.

¿Un nuevo álbum de Jim Morrison?

Pero dejando falsos Morrison aparte, ¿había sido capaz Jim Morrison de interpretar su propia muerte para huir de la vida pública? ¿Intentó alejarse para siempre de su imagen de estrella de rock para que le tomaran en serio como poeta? ¿O quiso escapar de la condena del incidente de Miami hasta que el caso prescribiera? Ray Manzarek, el teclista de los Doors, no dudó al pronunciarse sobre esta posible simulación: «Si existe alguien capaz de escenificar su propia muerte -conseguir un certificado de defunción falso y pagar a un médico francés-, y poner un saco de arena de ochenta kilos en un ataúd y desaparecer en algún lugar de este planeta, ese es Jim Morrison». Tampoco se quedó atrás el batería, John Densmore: «Él era la única persona que yo haya conocido en toda mi vida lo suficientemente extravagante para atreverse a una movida así… capaz de irse a las islas griegas y no decírselo a nadie».

Más que las islas griegas, África era un posible destino para el nuevo Jim Morrison. El cantante siempre estuvo fascinado por Arthur Rimbaud, el poeta francés que, después de abandonar su obra a los 19 años, se fugó a África para vivir de forma anónima como cazador y mercenario. No resultaba un acto descabellado fingir desaparecer del globo y convertirse en otra persona. El cantante aseguró a sus biógrafos Danny Sugerman y Jerry Hopkins que «era capaz de cambiar radicalmente de vida, reapareciendo en el papel de hombre de negocios con traje y corbata». Además, en 1967, Morrison ya había hablado con Steve Harris, ayudante de Jac Holzman (jefe de la discográfica Elektra), sobre qué sucedería si Elektra extendiese el rumor de su prematura muerte; a lo que Harris respondió: «Es una buena idea, pero hay un pequeño problema: nadie sabe todavía quién eres». Cuando Brian Jones murió ahogado en su piscina en 1969, el chamán del rock volvió a plantearse qué sucedería si él falleciera; como curiosidad, Jones murió el mismo día dos años antes y a la misma edad, 27 años.

¿Hay alguien ahí?

Por último, el Rey Lagarto inventó un nombre ficticio para ponerse en contacto con sus amigos una vez lograra escabullirse de la fama y vivir pacíficamente en África como poeta: Mr. Mojo Risin’. Dicho pseudónimo era un anagrama de Jim Morrison, que ya había utilizado en la canción «L.A. Woman». ¿Quién sabe? Quizá el vocalista de los Doors descanse en el cementerio parisino. O quizá ahora sea un poeta ermitaño que vive en el continente africano y que logró escapar del personaje excéntrico, de la estrella de rock, del chamán y del borracho que antes fue; pero Mr. Mojo Risin’ todavía no ha dado señales de vida.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

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