Roger Waters deja el Palacio de los Deportes confortablemente atontado

Cartel promocional de la gira

Imagina que guardaste tus juguetes en un baúl y treinta años después lo abres porque te apetece volver a jugar con ellos. Algo parecido debió de pensar Roger Waters el año pasado al desempolvar los ladrillos que dieron forma al muro más famoso de la historia del rock (con permiso de Phil Spector) y volver a construir uno de los espectáculos más hipnóticos y fascinantes desde el origen del universo.

Pero Waters ya no comparte sus juguetes con sus antiguos amigos de Pink Floyd, como cuando hace treinta años se arruinaron por el montaje de un número tan caro. Ahora, otra banda acompaña al bajista; en ella destacan Dave Kilminster y Snowy White (que ya participó en la gira original) a las guitarras y el hijo de Roger, Harry Waters, en los teclados. Sin embargo, para olvidar viejas rencillas, se espera que Dave Gilmour participe en «Comfortably Numb» durante las actuaciones de Londres.

Aunque Gilmour no participó anoche en la actuación del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, el espectáculo fue insuperable. La puesta en escena sigue siendo tan impresionante como lo fue en su estreno y, aunque hayan pasado tres décadas desde su construcción, los temas tratados en The Wall siguen estando vigentes. Waters ha endurecido más si cabe su crítica antibelicista. Desde el primer ladrillo hasta el último, el bajista de Pink Floyd ataca los conflictos bélicos y critica a las religiones, la sociedad de consumo y el pensamiento único.

Asistir a la interpretación de The Wall es mucho más que asistir a un concierto de rock al uso, es un homenaje a todos aquellos que cayeron víctimas de las crueles guerras. El propio Waters pidió que le mandaran fotos de estos mártires para proyectarlas en los ladrillos mientras sonara «The Thin Ice»; el primero en aparecer fue el propio padre del bajista, muerto en la II Guerra Mundial. Además, en el descanso del espectáculo, el muro estuvo cubierto de fichas de caídos en conflictos.

Los niños piden al profesor que les deje solos. Foto: ESTEFANÍA RUEDA

Durante las más de dos horas de concierto, los ladrillos del muro sirvieron de pantalla para la proyección de mensajes y metáforas. Los aviones de «Goodbye Blue Sky», lanzaban indistintamente cruces, medias lunas, estrellas de David, símbolos del dólar y hoces y martillos tiñendo todo de rojo; unos ojos vigilaban al público varias veces a lo largo del espectáculo como si del Gran Hermano se tratara; y la división de la sociedad en cerdos, perros y ovejas del disco Animals quedó ilustrada en «Run Like Hell» (incluso soltaron al famoso cerdo hinchable). Una infinidad de mensajes para leer entre líneas y reflexionar.

Roger Waters no decepcionó. Aparte de la inevitable e impresionante construcción del muro y de las imágenes proyectadas en él, no faltaron los efectos pirotécnicos, los muñecos gigantescos del profesor, la madre y la esposa del protagonista, la habitación del hotel que sale del muro y las clásicas animaciones del genial Gerald Scarfe, acompañadas de algunas modificaciones más actuales.

Los momentos cumbre fueron «Another Brick in the Wall (part II)», con un grupo de niños desincronizados, la emotiva «Comfortably Numb» y su solo de guitarra a lo alto del muro, y la transformación de Waters en un líder fascista rodeado con toda la iconografía de los martillos caminantes. Aunque, probablemente, lo más desconcertante fue «Hey You», la primera canción después del intermedio: el imponente muro blanco, de setenta metros de largo y diez de alto, ya estaba completamente construido y toda la banda estaba refugiada detrás, un momento de confusión en el que la gente no supo dónde dirigir su mirada.

Waters disfruta ante su enorme muro. Foto: ESTEFANÍA RUEDA

Aunque en su juventud siempre pareció reacio al público, anoche Waters se mostró muy cercano a él. Tras la demolición de la inmensa construcción, agradeció la asistencia y se despidió dejando un montón de ladrillos desperdigados por el escenario y el suelo. Muchos muros han sido derribados, otros deberían derribarse y éste, afortunadamente, treinta años más tarde, ha vuelto a construirse.

Nos veremos en La Cara Oculta del Rock…

4 comentarios to “Roger Waters deja el Palacio de los Deportes confortablemente atontado”

  1. Ms. Pink Says:

    ¡Conciertazo!

  2. sergio Says:

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